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Posts Tagged ‘Consciencia Colectiva’


La Edad Media es un espacio temporal de 1.000 años de duración que se inicia tras la caída del Imperio Romano, allá por el siglo V, que continua hasta el siglo XV, y finaliza, para unos, en 1.492, coincidiendo con el descubrimiento de América, y, para otros, en 1.453, correspondiendo con la caída del Imperio Bizantino, la publicación de la Biblia de Gutenberg y la finalización de la Guerra de los 100 años.

Tradicionalmente, este periodo de la historia de la humanidad es considerado como un época sombría y lúgubre, triste y gris, tenebrosa y vil, en la que se produce una regresión socioeconómica, política y militar sin precedentes, con toques fundamentalistas e inquisitorios. En cambio, a pesar de ser un hecho cierto la Inquisición, prefiero apuntarme a la corriente de opinión que defiende al Medievo como la plataforma sobre la que se asentaron las bases de la Europa que ahora conocemos, evolucionando de una sociedad estamental, con base rural, hacia una incipiente vida urbana que daría, posteriormente, paso a la burguesía.

De otro lado, todo este largo periodo de 1.000 años no es un espacio temporal monolítico, pudiendo diferenciarse:

  • La Alta Edad Media, que va desde el siglo V hasta el siglo X.
  • La Baja Edad Media, que transcurre entre los siglos XI y XV. Del mismo modo, la Baja Edad Media distingue dos subperiodos:
    • Plena Edad Media, entre los siglos XI y XIII.
    • Crisis Secular de Siglo XV que dura nada más y nada menos que dos siglos (200 años).

 

¿Qué caracteriza a la Edad Media?

Veamos, el Imperio Romano se hace añicos en un sin fin de feudos, con sus consiguientes Regentes o Monarcas, cada uno con sus propios intereses socioeconómicos, políticos y militares.

De otro lado, no olvidemos que todos ellos están injertados en el Cristianismo: tronco teológico y filosófico común a los regentes y/o monarcas europeos; que, inicialmente, es utilizado para fundamentar su posición de poder y decisiones de gobierno (por mandato divino).

Y los árabes campando por la Península Ibérica a su libre albedrío.

Así mismo, como la esclavitud había desaparecido, pero la Mano de Obra seguía siendo necesaria, se instrumentalizan los Estamentos para que unos trabajen y otros gobiernen.

Nota: a diferencia de las Clases Sociales, la cuales se definen por los intereses económicos, los Estamentos son agrupaciones sociales cerradas a los que se accede:

  • Por nacimiento.
  • Por matrimonio.
  • Por méritos extraordinarios.
  • A través del ingreso en la carrera eclesiástica.

Los “Estamentos” se definen en función de la posesión de los privilegios que detentan, diferenciando la siguiente escala jerárquica:

  • Primer estamento: la Nobleza, que incluye a reyes, condes, duques y caballeros.
  • Segundo estamento: el Clero, el cual distinguía dos niveles:
    • Los Papas, cardenales, obispos y abades.
    • Los párrocos y monjes.
  • Tercer estamento: el pueblo llano, que estaba formado por campesinos, villanos, artesanos y burgueses.

La nobleza y el clero eran dueños de las tierras que el tercer estamento (los antiguos esclavos del Imperio Romano) labraba. Pero no sólo se encargaban de la labranza, también soportaban los impuestos indirectos, que se aplicaban independientemente de la capacidad socioeconómica del siervo y gravaban la producción, el comercio o el consumo. Por supuesto, el primer y segundo estamento estaban exentos de tal pago. Algunos impuestos, sólo a título anecdótico y sin ánimo de ser exhaustivo, son (recogido en https://historiasdelahistoria.com/2017/06/06/impuestos-medievales-ahora-nos-quejamos-irpf-iva,  escrito por Javier Sanz en junio de 2017):

  • Alfarda: pago por el aprovechamiento del agua (acequias, canalizaciones…).
  • Herbaje: pago por aprovechamiento de los pastos.
  • Montazgo: impuesto sobre los ganados y adeudado por el tránsito que hacen por cualquier territorio en favor del Rey.
  • Diezmo: gravamen correspondiente a la décima parte de las cosechas que recaudaba la Iglesia y servía para el mantenimiento del clero.
  • Alhondigaje: impuesto por el depósito de mercancías.
  • Abadía o luctuosa: derecho que tenían los curas a percibir a la muerte de sus feligreses cierto tributo de sus bienes que dejaba.
  • Alcabala: impuesto castellano que gravaba el comercio de mercancías. Su recaudación se hacía por arrendamiento o por encabezamiento: los municipios se comprometían a cobrar una cantidad, recaudada entre sus vecinos, y a cambio recibían contrapartidas políticas de los monarcas.
  • Cuatropea: impuesto sobre la venta de ganado.
  • Banalidades: pago en especie por el uso de «instalaciones» del señor, como el molino o el horno.
  • Tercias reales: eran un ingreso concedido por la Iglesia a la Corona consistente en dos novenos de los diezmos eclesiásticos recaudados .
  • Terrazgo: renta que se paga al señor de una tierra quien la trabaja.
  • Excusado: implantado por Felipe II gravaba a una casa/hacienda elegida por la Corona entre las de una determinada parroquia —normalmente, aquella que más tributaba a la Iglesia—. La obligación consistía en que los diezmos que a dicha hacienda le correspondería ceder a la Iglesia eran pagados al rey, con lo cual el hacendado quedaba excusado de hacerlo a la Iglesia.
  • Primicias: consistentes en la cuadragésima y sexagésima parte de los primeros frutos de la tierra y el ganado que debían entregarse a la Iglesia.
  • Portazgos: impuesto que se exigía en las puertas de las ciudades y villas principales del reino y que gravaba las mercaderías que los forasteros introducían en ellas para su venta.
  • Pontazgos: similar al anterior, pero se paga al cruzar puentes.
  • Sisas: impuesto indirecto implantado en Aragón y luego en Castilla. Consistía en descontar en el momento de la compra una cantidad en el peso de ciertos productos (pan, carne, vino, harina…); la diferencia entre el precio pagado y el de lo recibido era la “sisa”. Como gravaba bienes de primera necesidad era muy impopular.
  • Millones: impuesto extraordinario fijado por las Cortes de Castilla, que se reservaban el control de su administración a través de una Comisión de Millones y comprometían a la Corona a dedicar lo recaudado a un gasto determinado (el primero se concedió a Felipe II en 1590 para reponer las pérdidas de la Armada Invencible).
  • Sextaferia: prestación vecinal para la reparación de caminos, a la que se acude los viernes de ciertas épocas del año. Era un impuesto en forma de trabajo.
  • Fonsadera: para financiar los gastos de los reyes ocasionados por las guerras.
  • Cena: tributo que implica hospedar y alimentar al monarca, así como a todo su comitiva, durante los viajes por su reino. Cuando la Corte se asentó de forma estable en una ciudad pasó a ser pagado en dinero (cena de ausencia).
  • Chapín de la reina o servicio de casamiento: se recaudaba ocasionalmente entre el pueblo para sufragar los gastos de las bodas reales.
  • Almojarifazgo: impuesto aduanero que se pagaba por el traslado de mercaderías que ingresaban o salían del reino de España o que transitaban entre los diversos puertos (peninsulares o americanos), equivalente a los actuales aranceles.
  • Infurción: era un tributo que se pagaba al señor de un lugar por razón del solar de las casas.

 

Finalizada la Nota, regresemos y continuemos con las características de la Edad Media.

El ideal de la Edad Media era construir una Comunidad Cristiana Universal en la que hubiese un régimen político universal, rey de reyes, o Emperador Cristiano; y, un jefe espiritual o Papa.

Dentro de esa Comunidad Cristiana Universal se acuñó la metáfora espiritual de la vida como camino: peregrinaje a lugares Santos, de corte y naturaleza transversal a nobles y reyes, bajo un mismo estandarte teológico y valores humanos.  Y, todo ello, frente a una Comunidad de Infieles, la Musulmán, contra la que había que batallar para reconquistar la Tierra Santa.

Dentro de la iconografía de valores con base cristiana que exhibió el Medievo, destaco uno que, desde siempre, me ha llamado poderosamente la atención: la inocencia. Un brillante ejemplo es el Parzival de Wólfram Von Eschembach. En opinión de René Nelli, después de todo, el Parzival de W. V. Eschembach, no es más que una extensa y cuidada variante de Juan el Bobo. Defiende René Nelli que todas las culturas, incluida la Asiática, han abordado personajes inocentes de este tipo, donde el hombre simple, bendecido por el ungüento de los dioses, canal terrenal de la gracia divina, es capaz de vencer allí donde los más doctos y eruditos fracasan, a modo de David contra Goliat. ¿Por qué? Según el folklore universal la razón de fondo estriba en la pureza de su corazón, que no ha sido maleado por el devenir de la lujuria de la carne y el poder, y, al someterse únicamente a la Providencia Divina, escapa a la libertad vulgar y a las exigencias del éxito. La máxima expresión de la libertad, en sentido puro, que le ofrece la inocencia se convierte, en manos de Parzival, en un arma imbatible capaz de derrumbar murallas de poder y desmesura.

 

¿Qué conflictos subyacen y definen a la Edad Media?

Los problemas que hilvanan el tejido social de la Edad Media son:

  • Los problemas de relación entre los soberanos, regentes o monarcas feudales y su pueblo.
  • Los problemas de relación entre la iglesia y lo monarcas feudales.
  • Los problemas de relación entre los diversos estados entre sí y con la iglesia.

En definitiva, un embrollado y farragoso laberinto relacional entre todos y contra todos los estamentos medievales. Todos ellos en búsqueda de los Fundamentos (o Fuentes del Poder) que los facultan para gobernar (legislar: Poder Político) y controlar los medios de producción y el comercio (Poder Económico), como medio de subsistencia y generación de riqueza.

Vamos, pues, a intentar deshilvanar con cirugía y una pizca de humor el embrollo social del Medievo.

Durante la Alta Edad Media va cogiendo cuerpo y forma la fundamentación metafísico-teológica de la superioridad ontológica de la Iglesia, como institución universal, para detentar funciones más elevadas, entre ellas la función de gobierno y la gestión y administración de los medios de producción y el comercio.

De facto, el régimen político de la Alta Edad Media es la Hierocracia: gobierno de la casta sacerdotal. El poder mediático de la estructura eclesiástica se expande paulatinamente hasta lograr su máximo momento de esplendor en el Siglo XIII, ya en la Baja Edad Media, con Inocencio III durante el Concilio de Letrán (1.215), donde se explicita que los emperadores y reyes son regidos bajo el poder del Papa por razón de pecado. Así las cosas, el Papa se convierte en juez universal que ata y desata en la tierra por mandato divino, estando sujeta indefectiblemente al Papa toda la nobleza. Con ello, han alcanzado su oscuro objeto de deseo: el dominium mundi.

Imagino la cara de estupor de todo noble tras el Concilio de Letrán. Estupor o miedo, más bien. Tal es el susto que todos los monarcas hacen fuerza común para liberarse de la autoridad Papal y, para ello, apelan, nada más y nada menos, al origen divino (¡cómo no!) de su poder estamental. De este modo, la nobleza, al actuar como vicarios del Señor, se ubica en posición de igualdad con el poder Papal.

No contentos con la posición de igualdad con el poder Papal, las nobleza, de la mano del derecho romano a través de las Escuelas de Bolonia y de los Glosadores, inocula nuevas ideas sobre el origen y la organización de los estados orientadas a la secularización del poder político. El derecho romano se distingue de la religión (derecho canónico) y de la moral (teológica y filosófica), aunque ambas han influido en su generación, y está constituido por un conjunto de reglas que fijan los gobernantes y que el ciudadano está obligado a obedecer. De este modo, desaparece la fundamentación divina a la hora de facultar a la nobleza para ostentar el poder político y económico.

La excomunión de algunos nobles, como la de Federico II de Hohenstaufen en el Concilio de Lyon (1.245) de la mano del Papa Inocencio IV, no consigue abortar esta tendencia.

Así mismo, los partidarios de la Teocracia, como Luis IX de Francia y Bonifacio VIII, pierden peso político ante el avance imparable de los preceptos del derecho romano. No es de extrañar viendo el calado intelectual profundo y sesudo (¡esto es ironía!), que mantienen los partidarios de la Teocracia. Para muestra, un botón:

No deje que nadie lo convenza sobre que tiene Ud. superioridad o está libre de sujeción a la cabeza de la jerarquía eclesiástica, ya que solo un tonto podría pensar así…

Bonifacio VIII, Ausculta Fili

De este modo, y haciendo caso omiso a la dialéctica Papal, los nobles abren paso a la Autocracia (régimen político en el que el noble gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación religiosa ni de otro tipo, y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad), basándose en la justificación legal del derecho romano, de modo que la fundamentación de la fuente de poder de la nobleza se independiza definitivamente de los asuntos religiosos, eclesiásticos y Papales.

Con todo, el conflicto entre iglesia y nobleza por el control del poder político y económico no era la única preocupación de esa época. Al tiempo, coexistía otro conflicto entre sociedad civil y nobleza por las mismas razones.

Vamos a ello.

La Carta Magna (Magna Carta Libertatum o Gran Carta de las Libertades) que fue abolida por el rey Juan I en el Londres de 1.215, es un intento de construir un régimen político en el cual el poder del legislador se ve limitado por un órgano de gobierno (llámese consejo, senado, congreso, parlamento o asamblea), en ese momento histórico regentado por los normandos. Según algunos historiadores, el propio Parlamento británico fue consecuencia de la Carta Magna de 1215 y durante mucho tiempo tuvo la misión de limitar el poder de la Corona y vigilar sus acciones. El jurista Tom Denning, citado por Danziger y Gillingham, 2004, p. 278,  la describió como el documento constitucional más grande de todos los tiempos: la fundación de la libertad del individuo contra la autoridad arbitraria del déspota. 

Llegados a este punto, merece la pena hacer un alto en el camino ante el filósofo, político, médico y teólogo italiano Marsilio de Padua (c. 1275 – 1342-43), precursor de las teorías democráticas y naturistas del renacimiento, en su afán por separar la fuente del poder político del poder Papal.

Marsilio de Padua conoció en París a Guillermo de Ockham y Giovanni Jandun. Los tres hicieron frente común en su crítica a la supremacía pontificia en defensa de la autonomía del poder civil, entendido como un Estado organizado con fines y medios propios.

Marsilio de Padua, en su obra Defensor pacis (defensor de la paz), escrita en 1.324, fundamentó el concepto Paz como base indispensable del Estado y como condición esencial de la actividad humana. En opinión de Marsilio la necesidad del Estado desciende de la propia naturaleza humana en la búsqueda de una vida Suficiente. Fruto de esa búsqueda se deriva la necesidad de un ordenamiento de la comunidad que asegure la convivencia, la paz y el ejercicio de las propias funciones. En la base del ordenamiento se encuentra la voluntad común de los ciudadanos, superior a cualquier otra voluntad, incluso a la supuesta voluntad divina. Luego, Marsilio considera que la fuente de poder del gobernante emana del pueblo, considerado como Universitas Civium (conjunto del pueblo), y por tanto es el pueblo el que delega su poder en los gobernantes, ejercitado en nombre de la voluntad común y con capacidad para mandar sobre todas las partes de la comunidad (Pars Principans). Para Marsilio la manera en la cual se manifiesta y expresa la voluntad popular es la mayoría, entendida cuantitativamente, siendo el poder del pueblo superior al del gobernante, ostentando el pueblo, por ello, el poder de vigilancia que tiene sobre la actividad del gobernante, poder que puede llegar incluso a la destitución del mismo.

Como no podría ser de otro modo, surgió una cohorte de críticos a las ideas de Marsilio objetando que la mayor parte del pueblo es ignorante e incapaz y que, por tanto, solamente unos pocos, particularmente los doctos y expertos en la materia del buen gobierno, gente reputada y de prestigio son los que deberían conformar las leyes. A eso Marsilio responde que si bien los doctos y expertos pueden legislar mejor que los no letrados y vulgares, no se puede por ello concluir que los primeros sean más competentes que la universalidad del pueblo, en el cual, por supuesto, están incluidos también los susodichos doctos y expertos. Marsilio acepta que los expertos formulen las leyes, pero no renuncia a que sea el pueblo, en su derecho legítimo, el que finalmente apruebe o rechace las propuestas de ley.

Y todo esto tiene lugar en el ¡siglo XIV!

Pero sigamos con el relato evolutivo de lo que aconteció, para no perder la perspectiva temporal y la lógica de los hechos.

Como consecuencia de los absolutismos monárquicos, y en respuesta a los desmanes y abusos de poder que conllevaron, apareció el Iusnaturalismo (derecho natural) como fundamento y justificación de la ideología político humanista.

Las principales tesis del iusnaturalismo son:

  • Existen ciertos principios en relación con el bien o el mal de carácter universal: leyes naturales o derechos naturales, que actúan como marco supra-legal.
  • El contenido de dichos principios es cognoscible por el hombre mediante la razón.
  • El derecho descansa en la moral, entendida como los usos y costumbres sociales.

Bajo este paraguas conceptual se defiende el siguiente relato sobre los fundamentos o fuente de poder de los gobernantes: los individuos deciden abandonar libremente el estado natural cediendo sus derechos y libertades individuales en beneficio del Estado o Sociedad a través de un Pacto Social, para, posteriormente, transferir el poder a la persona gobernante o Príncipe mediante un Pacto Político que lo faculta como regente. En esta formulación de las fuentes del poder político ya no hay atisbo alguno de principio divino o similar, y se pone coto a los desmanes absolutistas al conferirles el pueblo un poder temporal delegado.

Defendieron estas posiciones personas de la talla de Tomás de Aquino,Thomas Hobbes, John Locke, Jean-Jacques Rousseau, Baruch Spinoza, entre otros muchos. Todos ellos ayudaron a construir los actuales derechos individuales y de los ciudadanos.

Con la secularización del poder político se inicia la Edad Moderna.

En resumen, durante la Edad Media, y debido al proceso de secularización del poder político, vuelve a producirse otra importante ampliación de la Consciencia Colectiva de la mano del derecho natural (con independencia de las creencias religiosas) que transciende al individuo y lo define como Ser Humano. Por lo tanto, con la finalización de la Edad Media finaliza también la confesión religiosa como la línea definitoria de la categoría Ser Humano.

Y, usted, querido lector, ¿qué opina de todo ello?

¡No se muerda la lengua, opine!

Posdata.- quizá pueda resultar un tanto extenso este envío, pero me era difícil resumir más 1.000 años de historia. De hecho, he intentado sintetizar al máximo el devenir del Medievo sin perder los matices relevantes para la comprensión de la lógica de los hechos.

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A finales del siglo V después de Cristo, el Imperio Romano desapareció tras dominar el mundo durante 5 siglos.

Pero no desapareció de la noche a la mañana, así porque sí. Lo cierto es que, después del año 300 después de Cristo, el Imperio Romano fue sufriendo una degradación constante, hasta que, en el año 476 después de Cristo, el líder germano Hérulo Odoacro depuso al emperador Rómulo Augústulo.

¿Qué fue lo que ocurrió?

Las hordas expansivas y beligerantes de los Hunos, provenientes de Eurasia, iniciaron la invasión de Europa durante la segunda mitad del siglo IV después de Cristo. Fuentes de la época mencionaron que los hunos, bajo las órdenes del rey Balamber, conquistaron las tierras que se extendían entre los ríos Volga y Don.​ Posteriormente, avanzaron hacia la cuenca del Dniéper, donde vencieron a los ostrogodos y, a continuación, cruzaron el Dniéster derrotando a los visigodos. Estas conquistas territoriales, por parte de los Hunos, generaron el llamado Período de las Grandes Migraciones, durante el cual los pueblos godos, visigodos, ostrogodos y vándalos solicitaron asilo al Imperio Romano de Oriente para protegerse de las tribus nómadas invasoras provenientes del área esteparia oriental.

Bajo la opinión del historiador Edward Gibbon, la invasión de los Hunos es el factor determinante de las Grandes Migraciones que colapsan paulatinamente el Imperio Romano de Occidente hasta su desaparición.

Con todo, y sin ánimo de negar a Edward Gibbon, creo que merece la pena explorar con mayor detenimiento la historia para poder alcanzar un comprensión más profunda de las razones primarias que arrastraron a la desaparición de tan magno Imperio.

Para ello, analicemos lo ocurrido desde un punto de vista económico.

El modelo económico romano estaba basado en el crecimiento a través de la incorporación (adhesión más bien) de nuevos territorios. La ampliación paulatina de sus fronteras proveía al imperio de:

  1. Minerales (oro, plomo, hierro, cobre y plata según explica Plinio el Viejo). Nuestro país, España, fue una de las fuentes de minerales más importantes del Imperio. No en vano, una de las teorías de mayor peso sobre el origen etimológico de la palabra Hispania, es que ésta procede de I-span-ya, que se traduce como tierra donde se forjan metales, ya que py en fenicio (raíz de la palabra span) significa batir metales.
  2. Esclavos. ¡De nuevo los esclavos! que eran utilizados como mano de obra barata para las labores del campo y trabajos artesanales.

El ejército tenía una función nuclear en el sostenimiento del modelo económico del Imperio Romano: era el encargado de asegurar la creciente incorporación de riqueza al Imperio, ampliando de manera regular y constante sus fronteras.

Pero en el siglo II después de Cristo, las fronteras dejan de expandirse al ritmo que lo venían haciendo, Roma abandona las ansias de conquista, y la estrategia territorial comienza a transitar de un modelo ofensivo a sistemas defensivos.

Este cambio estratégico en la gestión de las fronteras conllevó un estrangulamiento gradual del flujo de riqueza (minerales y esclavos) hacia Roma. Así mismo, el mantenimiento de las fronteras drenó gran cantidad de recursos del Imperio (a modo de ejemplo, piénsese en el famoso y colosal Muro de Adriano en Britania, de 117 kilómetros de largo, levantado entre los años 122 y 132, para protegerse de las tribus Pictos).

En consecuencia, los diferentes gobiernos comenzaron a aumentar e incrementar los impuestos a la población y se aceleró la inflación, iniciándose una brecha creciente entre las clases ricas y pudientes, y las clases medias y pobres.

A finales del siglo III después de Cristo y con la finalidad de soportar la grave crisis económica, el emperador Diocleciano, convencido de que la descentralización ayudaría a ganar eficiencia económica (gestión regionalizada de los recursos versus gestión centralizada del Imperio), dividió a éste, el Imperio, en dos mitades:

  1. El Imperio Oriental en Bizancio (Constantinopla).
  2. El Imperio Occidental en Milán.

La división del Imperio en dos gobiernos autonómicos propició luchas intestinas entre los poderes políticos por los cada vez más exiguos recursos disponibles. Esta circunstancia se vio agravada por los casos de corrupción instaurados, de manera perenne, en los distintos gobiernos, que se extendieron al Senado. La inestabilidad política se asentó en el corazón del Imperio, hasta el punto de que, en el lapso de tiempo de 75 años entre los siglos II y III después de Cristo, hubiese más de 20 gobiernos diferentes.

Se acaban de cimentar las bases para la desaparición de tan magno Imperio.

Por ello, en el siglo IV después de Cristo, la presión de los Hunos y la grandes migraciones fueron la puntilla que asentó el golpe final que aniquiló al Imperio Romano.

El exceso de migración (de los godos, visigodos, ostrogodos y vándalos) solicitando asilo en un Imperio en decadencia acentuó la división social y brutalizó a los inmigrantes. El historiado de la época, Amiano Marcelino, describió como los oficiales romanos esclavizaron a los inmigrantes hasta hacerse insoportable. Lo que provocó que los godos se levantasen en armas, derrotasen al ejercito y matasen al Emperador Valente Este en el año 370 después de Cristo. Luego, se alcanzó una tregua que se volvió a romper en el año 410 después de Cristo, donde el rey godo Alarico saqueó Roma. Y, finalmente, en el año 476 después de Cristo el Imperio Romano desapareció para siempre a manos de Hérulo Odoacro.

En los últimos lustros de tan magno Imperio, las clases ricas y pudientes comenzaron a establecerse en el campo, lejos de la urbe y los poderes políticos, como estrategia para evadir y eludir los crecientes y asfixiantes impuestos que exigía Roma. Los terratenientes permitieron a sus esclavos convertirse en colonos. Se les entregó una porción de tierra y elementos de labranza a cambio de que el colono pagase tributos al dueño de la tierra. De este modo, las clases ricas y pudientes de Roma se convirtieron en autosuficientes, sin necesidad alguna de mantener relaciones con el Imperio, erigiéndose en soberanos y gobernantes de su región y colonos, dando lugar a los Feudos que regentaron el Medioevo.

El esclavo convertido en colono, deja de ser material animado o cosa (de acuerdo a los preceptos de Aristóteles) para convertirse en Ser Humano, produciéndose, en ese momento, una importante ampliación de la Consciencia Colectiva, siendo el cristianismo la espina dorsal que define lo que es un Ser Humano de lo que no lo es.

Con ésta, ya son tres entregas de revisión histórica sobre la concepción del Ser Humano.

¿Qué os sugiere? ¿Qué os parece?

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En las civilizaciones anteriores a la Grecia Clásica el Ser Humano era considerado un instrumento o ente regido por la voluntad de los dioses o los reyes. Con el nacimiento de la filosofía griega se produce un giro copernicano en la concepción de las Personas que ha llegado hasta nuestros días.

Veámoslo pues.

Para los antiguos filósofos griegos el Ser Humano adquiere el valor de CIUDADANO. Para ellos, el Ciudadano es un individuo integrado en una Polis (Ciudad Estado), con independencia de la clase social, y poseedor de derechos civiles. En suma, el Ser Humano es un Ser Social, un Ciudadano, adscrito a una Polis.

Así mismo, las Polis Griegas se reconocían como iguales y mantenían una misma identidad como pueblo que se manifestaba a través de los Juegos Olímpicos, el mismo idioma (para los griegos hablar el mismo idioma era importante y símbolo de diferenciación del resto de la humanidad, llamando bárbaro a quien no hablaba griego), religión e historia. Por lo tanto, el Ciudadano de la Polis también era miembro de la Nación Griega.

Los griegos se dedicaban principalmente al comercio a través del mar, y mantenían un flujo continuo y constante de contactos mercantiles con otras culturas y pueblos del Mediterráneo que no eran considerados ciudadanos griegos, por lo tanto no ostentaban la categoría de Seres Humanos.

Para los antiguos griegos, el Ser Humano, el Ciudadano Griego, tenía las siguientes características:

  1. Concepción dualista de la naturaleza humana: material y espiritual.
  2.  Los principios universales que gobiernan el cosmos son: el Principio de Bien y el Principio del Mal.
  3. La inmortalidad del espíritu.
  4. La libertad humana: el libre albedrío.
  5. El concepto de justicia universal e inevitabilidad de la sanción.

En suma, para ellos el Ser Humano es una criatura en constante búsqueda de sí misma, con autonomía política y administrativa, libertad de elección y capacidad para dar respuesta racional a los avatares y sucesos del entorno. El más claro exponente lo encontramos en Sócrates, el cual consideraba la humanidad como una virtud y, a través de la mayéutica, promovía el conócete a ti mismo.

Llegados a este punto, debemos preguntarnos cuál fue el factor determinante del espectacular desarrollo económico y social de la Grecia Clásica.

Todos los autores, con independencia de ideologías y posicionamientos políticos, coinciden en identificar la esclavitud como ese factor determinante. Aproximadamente un tercio de la población griega eran esclavos, escoria necesaria para que la sociedad griega pudiese funcionar, a modo de mano de obra gratuita y perfectamente reemplazable.

¡Menuda Paradoja! La Cultura Griega, considerada el adalid del nacimiento del concepto Ser Humano es construida sobre material animado o cosas: los esclavos.

Para la antigua Grecia el esclavo es una mercancía o cosa (no humana) susceptible de mercantilizar con ella. El esclavo es un ente privado de libertad y sujeto a la voluntad del propietario que puede comprarlo, venderlo o alquilarlo, al igual que cualquier otro bien del ciudadano.

Decía Aristóteles (sí, ese gran filósofo que todos hemos estudiado) que los esclavos son una posesión animada sin ningún tipo de derecho legal. Es decir, jurídicamente los esclavos no eran considerados seres humanos, ni siquiera las relaciones de pareja entre los esclavos tenían la categoría de matrimonio. Lo habitual eran los castigos por parte de su dueño para que, como mulas de carga, hiciesen los trabajos encomendados. Llegaba hasta tal punto el sometimiento que a los esclavos fugitivos se les ponía en la frente una marca con hierro candente, como si de una res del lejano oeste se tratase.

Aunque, para ser justos, no todas las Polis actuaban del mismo modo con los esclavos. En algunas, los esclavos eran utilizados como remeros, campesinos, mineros o verdugos. En otras, como policías, arqueros, secretarios, nodrizas e institutrices. En este sentido, eran los atenienses los que manifestaban mayor humanismo.

En resumen, la Consciencia Colectiva, el Concepto de Ser Humano Social durante la Grecia Clásica se circunscribe única y exclusivamente a la nación griega, y todo aquello que está fuera o son esclavos, bárbaros o mercaderes, pero no Seres Humanos.

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