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Posts Tagged ‘Casandra’


Hola, en esta ocasión deseamos compartir con vosotros, queridos lectores, algunas reflexiones e ideas que llevan barruntando en nuestra cabeza varios años, y, a medida  que el tiempo transcurre, van tomando cuerpo y gravedad.

Empecemos pues.

En la sabia mitología griega, Casandra, que en griego antiguo significa la que enreda a los hombres,​ era hija de Hécuba y Príamo, ambos reyes de Troya.

Casandra accedió al don de la profecía a cambio de un pacto con Apolo. Él  la dotó del talento y ella, en contraprestación, accedería a un encuentro carnal con el dios de la luz  y el sol. Encuentro que, desafortunadamente, nunca se produjo. Apolo, viéndose rechazado y traicionado, y con el honor (léase ego) mancillado, renegó y maldijo a Casandra escupiéndole en la boca que nadie creería jamás en sus pronósticos, por muy ciertos que éstos fuesen.

Tiempo después, ella y Laocoonte anunciaron, en repetidas ocasiones y de manera persistente e insistente, la inminente caída de Troya y la muerte del malvado Agamenón si dejaban entrar al caballo de madera dentro de la ciudad de Troya, por contener en sus entrañas el vil germen del engaño. Tal y como pronosticó Apolo, ningún ciudadano y menos aun su padre, Príamo, dieron crédito a sus vaticinios. Aburrido éste por el runrún cansino de su hija Casandra, reprobó y confinó a ésta en lo más alto de la más alta torre al olvido. Casandra, incomprendida y olvidada, enloqueció.

El caballo, como todos sabemos, entró en la ciudad fortificada y Troya desapareció.

Lo griegos, que lo sabían todo gracias a los bienaventurados esclavos, que eran, en realidad, los que hacían el trabajo doméstico y sucio, pudiendo entonces los ilustres ciudadanos de la polis dedicarse al arte de la contemplación y el pensamiento, ¿de qué nos intentaron prevenir con el  mito de Casandra, con cierto olor a misoginia?

Para responder a esta pregunta se necesitan ríos de tinta, por la cantidad de matices y aspectos diferentes que se esconden tras el mito.

Nosotros ponemos el acento en el hecho, cierto, del rechazo e incomprensión que produce, en ocasiones, la capacidad de prognosis o anticipación, especialmente cuando la intuición es especialmente disruptiva y pone en cuestión el estatus quo reinante: prever lo que va a ocurrir y que los hechos, posteriormente, sucedan suele poner nervioso a los que ostentan el poder y controlan el círculo o círculos sociales (la red).

En este punto, necesitamos océanos (y no ríos) de tinta para discernir si lo aconsejable es no compartir la capacidad de prognosis y esconderla bajo la alfombra, y desarrollar la capacidad del entrañable emperador romano Claudio (hacerse el tonto y tartamudo); o, por el contrario, promulgar a los cuatro vientos los cabalísticos sortilegios que uno percibe e intuye.

Lejos de ofrecer una respuesta categórica a tan ardua cuestión, ofrecemos, a continuación, un marco de análisis que nos permita ahondar en ambas alternativas, con sus pros y contras. Ahí va …

El autor de la obra El Cisne Negro, Nassim Nicholas Taleb, para explicar qué es un evento socio económico denominado “Cisne Negro” recurre a la metáfora de dos países imaginarios contrapuestos:

  • Mediocristán. 
  • Extremistán.

El primero es un país donde la distribución de su población es normal (ajustada a la campana de Gauss). Debido a la función gaussiana que subyace en la base social de Mediocristán, el sujeto típico (el mediocre) está ubicado en la media (obtiene la calificación de suficiente). Es un país, éste, gobernado por la tiranía de lo colectivo, donde un hecho particular y singular, idiosincrásico e irrepetible, apenas tiene impacto sobre el total.  El devenir social no está determinado por un solo individuo, si no por la suma de muchos de ellos. Se trata de entornos sociales predecibles a través de la acumulación del dato e información, y su observación empírica. En suma, en Mediocristán la mayoría conoce las reglas de juego, y su gestión o modificación depende de la suma de fuerzas de la mayoría. Es un país racional, azul, con pocos o nulos altibajos emocionales, cartesiano, ordenado, pautado y predecible.

En cambio, en Extremistán la aleatoriedad de los acontecimientos no es cambiante, es extremadamente salvaje. En este país el sujeto típico es un gigante o un enano, no hay perfil medio. La media no describe la normalidad: o estás arriba o estas abajo. Es un mundo radicalmente polarizado. Como consecuencia, Extremistán encarna la desigualdad socio económica, donde el ganador se lo lleva todo (además de tenerlo todo, quiere más). Aquí, el devenir social está determinado por un pequeño número de sucesos aleatorios, difíciles de pronosticar y totalmente extremos (Cisnes Negros). Es el mundo de la tiranía de lo accidental, por lo tanto difícil de predecir a partir de la acumulación del dato e información, y su observación empírica. En suma, en Extremistán el éxito depende más de intuición e inducción (capacidad de prognosis) a partir de la experiencia y la sensibilidad social, y que ésta de en el clavo (sea certera). Es un país emocional, rojo, con continuos altibajos anímicos, donde no hay donde atar acuerdos, desordenado, confuso, caótico, embarullado, revuelto, desmandado, desenfrenado, irregular, aleatorio e impredecible, donde existe verdadera pasión por los juegos de azar con premios salvajes e impúdicos, y los nigromantes y sus sortilegios. No en vano, en este país, la sabiduría popular diría de alguien que triunfa: ¡menuda suerte ha tenido!

¿Qué le pasó a Casandra, y qué le pasa a toda persona intuitiva que es capaz de ver (sentir e intuir) más allá de los datos e información, y, por lo tanto, tener capacidad de prognosis?: ser una ciudadana de Extremistán viviendo en Mediocristán. Cuando esto ocurre, a la persona se la tacha de loca, cuando no lunática, por considerar altamente improbable sus profecías.

Pero el hecho cierto es que el Caballo de Troya contenía en sus entrañas el vil germen del engaño y Troya desapareció al tiempo que Casandra.

¿Qué os sugiere todo ello?

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