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Queridos lectores, comentábamos en el capítulo primero, de esta nueva serie de posts, acerca de la tesis de Santiago Niño-Becerra a propósito del concepto Trabajo, señalando que, tal y como lo hemos concebido hasta ahora, se irá, tras esta crisis, para volver con un significado totalmente nuevo. Aspecto con el que estamos de acuerdo. Ahondando más en ello, decíamos que la democratización que subyace al crowdfunding (financiación a través de pequeños inversores: financiación colectiva, emulando el lenguaje de Karl Marx) es la manera más rápida y efectiva para hacer crecer el ritmo de inversión, empujando el crecimiento de los factores productivos y, en consecuencia, generando mayores tasas de empleo.

Pues bien, en este sentido, nuestra propuesta, que pasamos a detallar en este post, se estructura en torno a la idea de que tras la crisis, el paradigma marxista de diferenciación de clases entre los que disponen de capital para invertir (burguesía) y los que trabajan (proletariado) ha llegado a su fin. Sostenemos que, en el futuro, el elemento que diferenciará las clases no será la capacidad de inversión sino el Talento disponible en las personas, como ya, desde hace varios lustros, viene señalando autores de la talla de Peter Drucker, Gary Hamel, Ton Peters, y así un largo etcétera.

¿Cuál es la base conceptual de nuestra propuesta? Que la separación radical entre productor y medios de producción, que dibuja el marxismo, ha desaparecido. Hamel, en su obra El Futuro de Management, nos recuerda que esa separación radical de la que habla Marx, y que es la base de la especialización industrial,  es el principal motivo de la desafección de los empleados hacia sus organizaciones: si como empleado no veo cómo el resultado de mi desempeño contribuye al crecimiento de la organización es difícil, entonces, que pueda tomar conciencia de la relevancia de mi puesto dentro del conjunto de la empresa, potenciando la banalización del trabajo.

En las organizaciones actuales, como consecuencia del desarrollo tecnológico, cada vez es más fácil observar cómo nuestro trabajo contribuye al negocio o proyecto empresarial, haciendo más dúctil la férrea separación que establecía Marx entre productor y medios de producción, facilitando la afección entre empleado y empleador.

De otro lado, el fenómeno crowdfunding hace posible que personas con Talento (versus sociedades de inversión) puedan constituirse en accionistas (no minoritarios) de negocios emergentes con cantidades asumibles para una economía doméstica, pudiendo participar del control societario. Es cierto, son sociedades emergentes que operan en nichos de negocio, no ha llegado aún al corazón de la economía gruesa; también es verdad que, para alcanzar masa crítica y poder influir ciertamente en la economía gruesa, el crowdfunding requiere un desarrollo mucho mayor que el actual, pero llegará. Es cuestión de tiempo. En suma, estamos convencidos de que todos veremos desvanecerse, hasta desparecer, la línea que separa la aportación de capital y la plusvalía que genera el trabajo.

A diferencia de Santiago Niño-Becerra, creemos que el drama social del futuro no es un asunto de menos trabajo, menos empleos (un paro estructural como nunca hemos conocido) y, por lo tanto, cómo distribuir el poco empleo existente entre la población; sino un asunto de capacitación (formación) a las bolsas de desempleados actuales para facilitar la creación de Talento, y que este se convierta en Capital.

Nuestra particular preocupación no recae en si el desarrollo tecnológico que conlleva el Mundo TIC destruirá o no empleo, como sostiene Niño-Becerra, porque estamos convencidos, avalados por la historia del progreso, que creará empleo. Nuestro foco de análisis se centra en si los procesos capacitación que estamos acometiendo para adecuar a los actuales profesionales en situación de desempleo a los nuevos requerimientos que traerá el progreso tecnológico, serán suficientes y eficientes.

¿Cuál es vuestra opinión al respecto?…

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Queridos lectores, terminábamos el capítulo primero de esta nueva serie de posts explicando nuestras diferencias con la tesis de Santiago Niño-Becerra cuando afirma: <<Y no: la tecnología no destruye unos empleos y crea otros. La tecnología, que cada vez es más sofisticada, más barata y más difícil de utilizar, crea poquísimos empleados de altísimo valor añadido, y destruye cantidades ingentes de empleos que mañana serán de bajo valor>>; nosotros sostenemos la antítesis, es decir, que el mundo TIC es y será, el principal motor de creación de empleo en los próximos años.

Para evidenciar nuestro enfoque recurriremos a una joya literaria: Opus Nigrum, de la autora Marguerite Yourcenar. Se preguntarán ustedes qué es Opus Nigrum. Pues bien, Opus Nigrum es una fórmula alquímica para la separación y disolución de la materia, utilizada por la autora como metáfora de la liberación del espíritu humano. En su obra, Marguerite crea un peculiar e interesante personaje: Zenón, médico alquimista del siglo XVI, posiblemente inspirado en personajes de la talla de Paracelso, Servet o Da Vinci, que sufre los conflictos que marcaron el paso de la Edad Media al Renacimiento.

En la obra, la autora toca muchos de los tópicos que definieron el tránsito entre la Edad Media y el Renacimiento, incluido el conflicto por la aparición de los telares metálicos frente a la confección artesanal de los paños.

A continuación, traemos a colación algunos pasajes de la obra, donde Marguerite relata, con maestría e hiperrealismo, las tensiones entre los defensores de los recientes telares metálicos y sus detractores.

Así mismo, para ir pergeñando el argumento base que subyace a nuestra tesis, pedimos amablemente al lector que durante su lectura “arrastre”, con el ratón de la imaginación, el ambiente social y los argumentos de unos y otros, que esgrime Marguerite, a cualquiera de los conflictos que en la actualidad nos inundan: ¡la similitud con nuestros días es asombrosa!.

<<Todos los años, alguno de los talleres de la ciudad cerraba. Henri-Juste, que se jactaba de conservar abiertos los suyos por caridad cristiana, se aprovechaba del paro para roer periódicamente los salarios. Sus obreros, amedrentados, considerándose felices por tener un empleo y una campana que los llamaba al trabajo todos los días, vivían con el miedo producido por vagos rumores de cierre y hablaban lastimeramente de que pronto engrosarían las filas de los mendigos que, por aquellos tiempos de carestía, asustaban a los burgueses y merodeaban por los caminos>>.

<<Acababa de instalar, en los alrededores de Dranoutre, en el corazón de la tierra llana, unos talleres rurales, en donde ya no le importunaban con los impuestos municipales de Brujas. Se estaban montando allí, por orden suya, unos veinte telares mecánicos fabricados el pasado verano por Colas Gheel, siguiendo los dibujos de Zenón. Al mercader se le había antojado probar con aquellos obreros de madera y metal, que no bebían ni vociferaban y diez de los cuales hacían el trabajo de cuarenta sin pretextar que subían los víveres para pedir aumento de paga. En un día fresco, que ya olía a otoño, Zenón se dirigió a pie a dichos talleres de Oudenove. Montones de obreros parados, en busca de trabajo, invadían la comarca (…) Un hombrecillo enjuto y espabilado llamado Thierry Loon, y que de devanador había ascendido súbitamente a jefe de taller, mostró a Zenón las máquinas que al fin habían montado, y a las que los obreros había tomado ojeriza, tras haber fundado en ellas la extravagante esperanza de ganar más y trabajar menos (…) El hombrecillo echaba de menos los tiempos en que los artesanos, sólidamente anclados en sus privilegios, retorcían el cuello a los obreros libres y hacían frente a los príncipes. Las novedades no le asustaban: apreciaba lo ingenioso de aquella especie de jaulas en donde cada obrero gobernaba simultáneamente, con manos y pies, dos palancas y dos pedales; pero aquella cadencia demasiado rápida agotaba a los hombres, y los mandos complicados requerían más cuidado y atención de los que poseen los dedos y las cabezas duras de los artesanos (…) se encogía de hombros al mencionar a Zenón cuyas  elucubraciones  mecánicas no tendrían, finalmente, más efecto que el de arrebatar el trabajo a los hombres y hacer que el paro empeorase>>.

Asombroso, ¿verdad?… Requiere esfuerzo discernir de qué periodo de la historia se está hablando en la obra: del tránsito entre la Edad Media y el Renacimiento o del paso entre el Siglo XX y el Siglo XXI. Como decíamos anteriormente, las similitudes son realmente notorias.

De vuelta al asunto que nos trae aquí, merece la pena reseñar cómo la vieja Europa sufrió de inquisidores dispuestos a frenar el imparable progreso tecnológico que imponía el ritmo del espíritu renacentista.

Si los telares mecánicos no hubieran triunfado el Grupo Inditex no habría dado empleo a 122.579 personas por todo el mundo en el año 2012.

Del mismo modo, podemos imaginar a otro grupo de inquisidores oponiéndose  a la aparición de la imprenta, argumentando que cientos de escribanos iban a perder su empleo, pronosticando la hecatombe para el mundo de las letras. Y si hubiesen triunfado los detractores de tan importante progreso, Amazon no habría dado empleo en el año 2010 a 88.400 personas por todo el mundo.

En definitiva, la afirmación de Santiago Niño-Becerra de que <<las unidades de factor trabajo necesarias para generar una unidad de PIB se están reduciendo y seguirán haciéndolo, como consecuencia del aumento de la productividad, que arrastra a la utilización de menos recursos>>como consecuencia, entre otros, del Mundo TIC; tiene sentido para mercados constantes.

Ahora bien, si hacemos una rastreo histórico de los avances tecnológicos, podremos verificar, de manera irrefutable, que tales desarrollos tecnológicos abren la puerta a nuevos mercados (nuevos negocios) hasta ese momento desconocidos (los famosos océanos azules a los que nos hemos referido en anteriores envíos), amplificando las consecuencias de generación de empleo a futuro que abre el progreso.

A diferencia de Santiago Niño-Becerra, nuestra preocupación no recae en si el desarrollo tecnológico que conlleva el Mundo TIC destruirá o no empleo, porque estamos convencidos, avalados por la historia del progreso, que creará empleo. Nuestro foco de análisis se centra en si los esfuerzos formativos que la sociedad va invertir para adecuar a los actuales profesionales a los nuevos requerimientos que traerá el progreso tecnológico, serán suficientes y eficientes.

¿Cuál es vuestra opinión al respecto?…

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