Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘El Correo de los Viernes’ Category


A finales del siglo V después de Cristo, el Imperio Romano desapareció tras dominar el mundo durante 5 siglos.

Pero no desapareció de la noche a la mañana, así porque sí. Lo cierto es que, después del año 300 después de Cristo, el Imperio Romano fue sufriendo una degradación constante, hasta que, en el año 476 después de Cristo, el líder germano Hérulo Odoacro depuso al emperador Rómulo Augústulo.

¿Qué fue lo que ocurrió?

Las hordas expansivas y beligerantes de los Hunos, provenientes de Eurasia, iniciaron la invasión de Europa durante la segunda mitad del siglo IV después de Cristo. Fuentes de la época mencionaron que los hunos, bajo las órdenes del rey Balamber, conquistaron las tierras que se extendían entre los ríos Volga y Don.​ Posteriormente, avanzaron hacia la cuenca del Dniéper, donde vencieron a los ostrogodos y, a continuación, cruzaron el Dniéster derrotando a los visigodos. Estas conquistas territoriales, por parte de los Hunos, generaron el llamado Período de las Grandes Migraciones, durante el cual los pueblos godos, visigodos, ostrogodos y vándalos solicitaron asilo al Imperio Romano de Oriente para protegerse de las tribus nómadas invasoras provenientes del área esteparia oriental.

Bajo la opinión del historiador Edward Gibbon, la invasión de los Hunos es el factor determinante de las Grandes Migraciones que colapsan paulatinamente el Imperio Romano de Occidente hasta su desaparición.

Con todo, y sin ánimo de negar a Edward Gibbon, creo que merece la pena explorar con mayor detenimiento la historia para poder alcanzar un comprensión más profunda de las razones primarias que arrastraron a la desaparición de tan magno Imperio.

Para ello, analicemos lo ocurrido desde un punto de vista económico.

El modelo económico romano estaba basado en el crecimiento a través de la incorporación (adhesión más bien) de nuevos territorios. La ampliación paulatina de sus fronteras proveía al imperio de:

  1. Minerales (oro, plomo, hierro, cobre y plata según explica Plinio el Viejo). Nuestro país, España, fue una de las fuentes de minerales más importantes del Imperio. No en vano, una de las teorías de mayor peso sobre el origen etimológico de la palabra Hispania, es que ésta procede de I-span-ya, que se traduce como tierra donde se forjan metales, ya que py en fenicio (raíz de la palabra span) significa batir metales.
  2. Esclavos. ¡De nuevo los esclavos! que eran utilizados como mano de obra barata para las labores del campo y trabajos artesanales.

El ejército tenía una función nuclear en el sostenimiento del modelo económico del Imperio Romano: era el encargado de asegurar la creciente incorporación de riqueza al Imperio, ampliando de manera regular y constante sus fronteras.

Pero en el siglo II después de Cristo, las fronteras dejan de expandirse al ritmo que lo venían haciendo, Roma abandona las ansias de conquista, y la estrategia territorial comienza a transitar de un modelo ofensivo a sistemas defensivos.

Este cambio estratégico en la gestión de las fronteras conllevó un estrangulamiento gradual del flujo de riqueza (minerales y esclavos) hacia Roma. Así mismo, el mantenimiento de las fronteras drenó gran cantidad de recursos del Imperio (a modo de ejemplo, piénsese en el famoso y colosal Muro de Adriano en Britania, de 117 kilómetros de largo, levantado entre los años 122 y 132, para protegerse de las tribus Pictos).

En consecuencia, los diferentes gobiernos comenzaron a aumentar e incrementar los impuestos a la población y se aceleró la inflación, iniciándose una brecha creciente entre las clases ricas y pudientes, y las clases medias y pobres.

A finales del siglo III después de Cristo y con la finalidad de soportar la grave crisis económica, el emperador Diocleciano, convencido de que la descentralización ayudaría a ganar eficiencia económica (gestión regionalizada de los recursos versus gestión centralizada del Imperio), dividió a éste, el Imperio, en dos mitades:

  1. El Imperio Oriental en Bizancio (Constantinopla).
  2. El Imperio Occidental en Milán.

La división del Imperio en dos gobiernos autonómicos propició luchas intestinas entre los poderes políticos por los cada vez más exiguos recursos disponibles. Esta circunstancia se vio agravada por los casos de corrupción instaurados, de manera perenne, en los distintos gobiernos, que se extendieron al Senado. La inestabilidad política se asentó en el corazón del Imperio, hasta el punto de que, en el lapso de tiempo de 75 años entre los siglos II y III después de Cristo, hubiese más de 20 gobiernos diferentes.

Se acaban de cimentar las bases para la desaparición de tan magno Imperio.

Por ello, en el siglo IV después de Cristo, la presión de los Hunos y la grandes migraciones fueron la puntilla que asentó el golpe final que aniquiló al Imperio Romano.

El exceso de migración (de los godos, visigodos, ostrogodos y vándalos) solicitando asilo en un Imperio en decadencia acentuó la división social y brutalizó a los inmigrantes. El historiado de la época, Amiano Marcelino, describió como los oficiales romanos esclavizaron a los inmigrantes hasta hacerse insoportable. Lo que provocó que los godos se levantasen en armas, derrotasen al ejercito y matasen al Emperador Valente Este en el año 370 después de Cristo. Luego, se alcanzó una tregua que se volvió a romper en el año 410 después de Cristo, donde el rey godo Alarico saqueó Roma. Y, finalmente, en el año 476 después de Cristo el Imperio Romano desapareció para siempre a manos de Hérulo Odoacro.

En los últimos lustros de tan magno Imperio, las clases ricas y pudientes comenzaron a establecerse en el campo, lejos de la urbe y los poderes políticos, como estrategia para evadir y eludir los crecientes y asfixiantes impuestos que exigía Roma. Los terratenientes permitieron a sus esclavos convertirse en colonos. Se les entregó una porción de tierra y elementos de labranza a cambio de que el colono pagase tributos al dueño de la tierra. De este modo, las clases ricas y pudientes de Roma se convirtieron en autosuficientes, sin necesidad alguna de mantener relaciones con el Imperio, erigiéndose en soberanos y gobernantes de su región y colonos, dando lugar a los Feudos que regentaron el Medioevo.

El esclavo convertido en colono, deja de ser material animado o cosa (de acuerdo a los preceptos de Aristóteles) para convertirse en Ser Humano, produciéndose, en ese momento, una importante ampliación de la Consciencia Colectiva, siendo el cristianismo la espina dorsal que define lo que es un Ser Humano de lo que no lo es.

Con ésta, ya son tres entregas de revisión histórica sobre la concepción del Ser Humano.

¿Qué os sugiere? ¿Qué os parece?

Anuncios

Read Full Post »


En las civilizaciones anteriores a la Grecia Clásica el Ser Humano era considerado un instrumento o ente regido por la voluntad de los dioses o los reyes. Con el nacimiento de la filosofía griega se produce un giro copernicano en la concepción de las Personas que ha llegado hasta nuestros días.

Veámoslo pues.

Para los antiguos filósofos griegos el Ser Humano adquiere el valor de CIUDADANO. Para ellos, el Ciudadano es un individuo integrado en una Polis (Ciudad Estado), con independencia de la clase social, y poseedor de derechos civiles. En suma, el Ser Humano es un Ser Social, un Ciudadano, adscrito a una Polis.

Así mismo, las Polis Griegas se reconocían como iguales y mantenían una misma identidad como pueblo que se manifestaba a través de los Juegos Olímpicos, el mismo idioma (para los griegos hablar el mismo idioma era importante y símbolo de diferenciación del resto de la humanidad, llamando bárbaro a quien no hablaba griego), religión e historia. Por lo tanto, el Ciudadano de la Polis también era miembro de la Nación Griega.

Los griegos se dedicaban principalmente al comercio a través del mar, y mantenían un flujo continuo y constante de contactos mercantiles con otras culturas y pueblos del Mediterráneo que no eran considerados ciudadanos griegos, por lo tanto no ostentaban la categoría de Seres Humanos.

Para los antiguos griegos, el Ser Humano, el Ciudadano Griego, tenía las siguientes características:

  1. Concepción dualista de la naturaleza humana: material y espiritual.
  2.  Los principios universales que gobiernan el cosmos son: el Principio de Bien y el Principio del Mal.
  3. La inmortalidad del espíritu.
  4. La libertad humana: el libre albedrío.
  5. El concepto de justicia universal e inevitabilidad de la sanción.

En suma, para ellos el Ser Humano es una criatura en constante búsqueda de sí misma, con autonomía política y administrativa, libertad de elección y capacidad para dar respuesta racional a los avatares y sucesos del entorno. El más claro exponente lo encontramos en Sócrates, el cual consideraba la humanidad como una virtud y, a través de la mayéutica, promovía el conócete a ti mismo.

Llegados a este punto, debemos preguntarnos cuál fue el factor determinante del espectacular desarrollo económico y social de la Grecia Clásica.

Todos los autores, con independencia de ideologías y posicionamientos políticos, coinciden en identificar la esclavitud como ese factor determinante. Aproximadamente un tercio de la población griega eran esclavos, escoria necesaria para que la sociedad griega pudiese funcionar, a modo de mano de obra gratuita y perfectamente reemplazable.

¡Menuda Paradoja! La Cultura Griega, considerada el adalid del nacimiento del concepto Ser Humano es construida sobre material animado o cosas: los esclavos.

Para la antigua Grecia el esclavo es una mercancía o cosa (no humana) susceptible de mercantilizar con ella. El esclavo es un ente privado de libertad y sujeto a la voluntad del propietario que puede comprarlo, venderlo o alquilarlo, al igual que cualquier otro bien del ciudadano.

Decía Aristóteles (sí, ese gran filósofo que todos hemos estudiado) que los esclavos son una posesión animada sin ningún tipo de derecho legal. Es decir, jurídicamente los esclavos no eran considerados seres humanos, ni siquiera las relaciones de pareja entre los esclavos tenían la categoría de matrimonio. Lo habitual eran los castigos por parte de su dueño para que, como mulas de carga, hiciesen los trabajos encomendados. Llegaba hasta tal punto el sometimiento que a los esclavos fugitivos se les ponía en la frente una marca con hierro candente, como si de una res del lejano oeste se tratase.

Aunque, para ser justos, no todas las Polis actuaban del mismo modo con los esclavos. En algunas, los esclavos eran utilizados como remeros, campesinos, mineros o verdugos. En otras, como policías, arqueros, secretarios, nodrizas e institutrices. En este sentido, eran los atenienses los que manifestaban mayor humanismo.

En resumen, la Consciencia Colectiva, el Concepto de Ser Humano Social durante la Grecia Clásica se circunscribe única y exclusivamente a la nación griega, y todo aquello que está fuera o son esclavos, bárbaros o mercaderes, pero no Seres Humanos.

Read Full Post »


Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770 – 1831), natural de Stuttgart, es muy probablemente el filósofo que sentó las bases conceptuales que cimentaron la sociedad moderna y actual.

No en vano Michel Foucault  afirma que “A través de la lógica o de la epistemología, a través de Marx o de Nietzsche, toda nuestra época lucha por desprenderse de Hegel.” En la misma dirección apunta Maurice Merleau-Ponty cuando dice que “Todas las grandes líneas filosóficas del siglo pasado, las de Marx, Nietzsche, la fenomenología , el existencialismo alemán y el psicoanálisis, se iniciaron con Hegel … La tarea cultural más urgente es restablecer la conexión entre Hegel y las doctrinas desagradecidas que tratan de olvidar su origen hegeliano.

Pues no demoremos más el estudio de Hegel, y comencemos.

Hegel, con 19 años, participó en las discusiones sobre política, ética y los derechos de los hombres y mujeres que caracterizaron la Revolución Francesa. Para Hegel, la idea “libertad” es el concepto medular y vehicular que determina el proceso evolutivo de maduración social. De hecho, en su primera obra, Fenomenología, defiende la libertad, no como un concepto abstracto y absoluto por encima de la sociedad, sino como un instrumento práctico vinculado al contexto social e institucional. En opinión de Hegel, cuando la libertad se vuelve absolutista y se desvincula del contexto social se convierte, entonces, en la coartada perfecta para la demagogia y la opresión. Debemos recordar que Hegel vivió con pavor y desconcierto la degradación de la Revolución Francesa y la aparición del Terror Absoluto de la Guillotina por la defensa de la libertad.

De otro lado, Hegel estudio y convivió con economistas relevantes como James Steuart, Adam Ferguson y Adam Smith, hasta el punto de sentir verdadera admiración por la concepción moderna del libre mercado, la aparición de las primeras empresas y el desarrollo de la sociedad civil.

Todo ello, determinó que Hegel concibiese la HISTORIA como un proceso de realización social integradora que, a medida que avanza, evoluciona hacia la autoconciencia.

Dentro de esta concepción de la historia, para Hegel, el individuo particular, durante su trayecto evolutivo, tiene que recorrer todas las fases y etapas por la que ha pasado la especie, repitiendo la historia. Los avances de la historia los replica el individuo, durante su evolución, a través de la estructuración del lenguaje y el pensamiento, ejercicios o comportamientos físicos, modos en que se relaciona socialmente y hasta en el juego. En opinión de Hegel, observando el progreso educativo del individuo particular podemos detectar y vislumbrar la historia del mundo.

En  suma, la HISTORIA, en mayúsculas, es un proceso de reflexión intelectual y autodescubrimiento de la propia humanidad, que determina, posteriormente, el desarrollo evolutivo individual y particular de cada uno de nosotros. Para Hegel, todos los hechos históricos, por muy abruptos y descarnados que puedan parecer, constituyen diferentes estadios de experimentación y autodescubrimiento de la propia humanidad, que cristalizan, posteriormente, en las diferentes etapas de desarrollo de los individuos particulares.

Es más, Hegel defiende que sólo se avanza en el curso de la historia con “seriedad, dolor, paciencia y el trabajo de lo negativo“, soportando y manteniéndose sobre los hechos más nocivos y adversos. Una vez se interiorizan y superan socialmente (colectivamente) los hechos más disruptivos y negativos de nuestras historia, entonces se produce un avance histórico.

En opinión de Hegel, la línea evolutiva de la historia es la siguiente:

  1. El individuo toma conciencia de sí mismo, apareciendo la libertad individual de elección, el libre albedrio.
  2. El individuo se da cuenta de que su conciencia está escindida de otras conciencias y busca la cohesión social para integrar las diferentes conciencias que le rodean en una sola visión y concepción del entorno que les rodea, apareciendo así la estructura social.
  3. A medida la estructura social anterior se encuentra con otras nuevas y desconocidas estructura sociales se inicia un periodo de conflicto y reconocimiento mutuo hasta integrar ambas consciencias colectivas en una nueva y más amplia consciencia social.
  4. Y, así, sucesivamente.

En el mito “El amo y el esclavo“, Hegel dice que la creación del mundo que conocemos no es fruto del trabajo opresivo (de la Lucha de Clases que afirma el Marxismo o Existencialistas), si no es fruto del esfuerzo por el reconocimiento mutuo de las consciencias individuales en una sola consciencia social integradora.

Quizá porque falleció a los 61 años y no tuvo tiempo de profundizar en su visión de la historia, Hegel no explicó cuáles son las relaciones básicas entre las consciencias individuales y libres, y la conciencia social.

K. Marx en su famosa obra El Capital sentenció que las relaciones entre el individuo y la estructura social están determinadas por las “transacciones económicas“.

Más tarde, cuando cursaba primero de carrera, el inconmensurable profesor Gustavo Bueno nos explicó que el materialismo histórico de Marx resultaba insuficiente y defendió su teoría: el materialismo gnoseológico. Para el ilustre profesor, las relaciones entre el individuo y la estructura social están determinadas por la economía del conocimiento. Mientras estudiaba confieso que pensé que no llegaba suficiente oxígeno al cerebro del honorable profesor. Hoy día reconozco mi ignorancia y atrevimiento de aquel entonces. Y pienso que quizá no le faltaba razón. En cualquier caso, no me atrevo a afirmar taxativamente ni lo uno ni lo otro.

Por último, y para no hacer muy largo este capítulo, tan sólo enunciar muy brevemente el Pensamiento Dialéctico de Hegel.

Hegel se opuso diametralmente a la Lógica Clásica Aristotélica. En opinión de Hegel, la lógica clásica se basa en argumentos deductivos (silogismos) sobre entidades individuales, diferentes y separadas que se relacionan en un esquema deductivo, resultando estática y mecánica, obviando la biología cambiante (mutante) de la existencia.

La lógica de Hegel es orgánica, evolutiva, fluida, adaptable a la realidad social de cada momento, claramente anti-dogmática, abierta al construccionismo social, imbricada profundamente en su concepción de la HISTORIA de la humanidad. La lógica hegeliana es, en suma, un proceso de superación de contradicciones que conlleva el crecimiento social.

Al pensamiento dialéctico, Hegel le otorga estructura tríadica:

  1. Tesis: establishment reinante.
  2. Antítesis: denegación del establishment.
  3. Síntesis: superación que subsume los opuestos y los preserva (mantiene) en una nueva estructura social.

Importante: Hegel habló de las TRES fases, pero cuando se refería a cada una de ellas, en realidad, Hegel nunca utilizó los términos de Tesis, Antítesis y Síntesis.

Con todo lo analizado hasta el momento, damos por finalizado los principios o fundamentos generales que utilizaremos posteriormente para repasar la HISTORIA DE LA HUMANIDAD, saber en qué momento nos encontramos actualmente e hipotetizar sobre el futuro que nos espera a la vuelta de la esquina.

¿Les apetece este viaje?

Read Full Post »


Esta mañana, mientras hacía running, escuchaba la melodía Wish you were here, de la legendaria banda británica de rock Pink Floyd.

Y, entonces, mi mente, como por arte de magia, comenzó a viajar por una senda distinta a la que seguía mi cuerpo físico.

Empecé recordando a Luke Skywalker y Han Solo, de la entrañable Star Wars. De ambos personajes, caracterizados por Mark Hamill y Harrison Ford, reconozco que, a la edad de trece años, el segundo, el contrabandista galáctico, fue el que cautivó mi alma, hasta el punto de representar el icono o patrón sobre el que comparar mi comportamiento.

Han Solo, con su lengua desvergonzada, mordaz y divertido ingenio, hilarante sarcasmo, libre e independiente de todo tipo de ataduras, vida policromática contraria a toda traza de monotonía, amigo de sus amigos, y predisposición natural a la imprudencia, era todo lo que yo quería ser de mayor.

¡La vida!

Lo cierto es que, lo que sucedió, fue algo diferente a lo anhelado. La estrategia elegida para colmar mi  afán y ansia de aventuras fue la de satisfacer todas las demandas de mi entorno como medio para conseguir y justificar los reclamos que tenía sobre mí mismo. Y terminé actuando como actuó Luke Skywalker: ayudando a toda persona a mi alrededor que lo necesitase con la secreta esperanza de ser correspondido sin tener que pedir. Y cuando la contabilidad de la relación no resultaba equitativa, entonces, nacía la decepción y sentimiento de explotación.

Para comprender qué hay detrás de Luke Skywalker leamos a F. Nietsche en su obra Así hablo Zarathustra:

Vosotros vais hacia el prójimo huyendo de vosotros mismos

y queréis hacer de esto una virtud;

pero yo leo bien a través de vuestro altruismo …

vosotros no sabéis soportaros a vosotros mismos y no os amáis lo bastante:

y he aquí que queréis seducir a vuestro prójimo

induciéndolo al amor y haceros querer de su amor.”

La pasión, carácter mesiánico, punto de soberbia y orgullo que exhibe Luke Skywalker, siempre preocupado por las perturbaciones de la fuerza, entregado en cuerpo y alma a reestablecer el equilibrio en la galaxia, en ocasiones, cuando los sucesos resultan contrarios a los deseos, estos caracteres de la personalidad le arrastran a explosiones emocionales no controladas,  de naturaleza disruptiva, trágica, consiguiendo el efecto contrario a lo pretendido: la discordia y sin razón.

¿Qué le faltó a nuestro entrañable Luke Skywalker? Humildad, humildad para bajar de su papel “caminante de cielos” a cuestiones más mundanas y terrenales, humildad para bajar de su fetichista ideario, imposible de suceder, al calor del aquí y ahora que le ofrecía su compañero Han Solo.

Y, mientras hacía running, mi mente regreso de golpe a mi cuerpo con una incómoda aseveración: “Han Solo, wish you were here

Read Full Post »


Queridos lector@s,

es propio del periodo estival decidir qué libros guarecer en nuestra maleta de vacaciones. Y he aquí que unos llevarán novelas, de todo tipo, históricas, de misterio, románticas, entre un largo etcétera de géneros; otros, recurrirán a los clásicos, desde Cicerón hasta Dostoyevski; y, los últimos, a libros de autoayuda.

Tras bucear en Internet sobre la venta de libros en España, hemos descubierto que en el año 2016 se editaron 61.477 títulos en castellano. En cambio, no hemos podido conocer cuántas ediciones versaron sobre el género autoayuda. Tan sólo hemos podido leer dos diferentes titulares de prensa haciendo referencia al crecimiento, imparable, en ventas, según Nielsen, de los libros de autoayuda, pero sin ofrecer ni concretar cifra alguna que nos permita visualizar el orden de magnitud que suponen las ventas de los libros de autoayuda.

Todo ello, nos hace sospechar que el peso y crecimiento de los libros de autoayuda es alto y en progresión. ¡Miren en el fondo de su maleta y cuéntelos! ¿Cuántos libros de autoayuda hay? No nos lo digan. La pregunta es: ¿por qué?

¡No se preocupen!, no vamos a realizar una disertación metafísico existencial del porqué de esta circunstancia. Tan sólo pretendemos introducir una pizca de mofa sobre este asunto.

Vamos allá.

Imagínense a don Miguel de Cervantes Saavedra, el Manco de Lepanto, huido de España y paseando por Roma, allá por el año 1570, observando como sus semejantes invertían horas y días leyendo sesudas noveles de libros de caballería, muy populares por aquel entonces.

Por qué no pensar que, un buen día, no sé si por hastío o socarronería, o simplemente por hermanamiento o buena voluntad, decide escribir El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, intentado prevenirnos de los males de una lectura prolongada e intensiva de poemas caballerescos.

Y ahora viene la cuestión, ¿no podría estar sucediendo algo similar con los libros de autoayuda? ¿Existe un uso racional de esta literatura, o un abuso? ¿Nos hace más bien que mal, o se trata de un placebo? Si las respuestas a estas cuestiones fueran desfavorables, entonces, en nuestra opinión, debemos ponernos manos a la obra e incentivar el surgimiento del nuevo don Quijote y su entrañable Sancho Panza, en lanza contra gurús y otros especímenes de la misma guisa.

Este es el objetivo del post: estimular la creatividad de los diestros con la pluma y doctores en el uso del verbo, para animarles a redactar el Quijote de nuestros días en respuesta a la proliferación de los libros de autoayuda y su derivada asociada: el coaching.

Empecemos pues.

Baruch Spinoza, filósofo neerlandés de origen sefardí, en su obra Ethics, publicada tras su muerte en 1677, escribió:

Los Hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza

continuando así con un debate profuso, iniciado ya en la antigua Grecia de la mano de autores como Sócrates, Platón y Aristóteles, sobre la libertad de elección y su relación con el conocimiento y la ignorancia, especialmente sobre uno mismo.

Arthur Schopenhauer, filósofo alemán del siglo XIX, abundando en la premisa de Spinoza, en su obra The Wisdom of Life escribió:

Todos creen a priori que son perfectamente libres, aun en sus acciones individuales, y piensan que a cada instante pueden comenzar otro capítulo de su vida… Pero a posteriori, por la experiencia, se dan cuenta —a su asombro— de que no son libres, sino sujetos a la necesidad; su conducta no cambia a pesar de todas las resoluciones y reflexiones que puedan llegar a tener. Desde el principio de sus vidas al final de ellas, deben soportar el mismo carácter…”

Dicho de otro modo: parece ser, según ambos autores, que somos “prisioneros encadenados” (término utilizado por el filósofo Hume) a un “nosotros” o “yo” profundo que no conocemos ni percibimos, del que no somos, en definitiva, conscientes.

Sospechamos e imaginamos, fabulamos mas bien, como Sigmund Freud, leyendo a todos estos autores, fue pergeñando paulatinamente su modelo estructural del ser humano, donde conceptualiza la división tripartita del psiquismo entre el “ello” (lugar donde habitan las pulsiones más primitivas que nos caracterizan, aquellas contra las que luchamos a diario en feroz combate, con mayor o menor tesón, y más o menos fortuna), el “yo” (nuestra parte racional, equilibrada, controlada y pública), y el “superyó” (habitáculo donde se haya la moralidad: las normas y pautas de comportamiento en torno a lo que está bien y lo que está mal), lugares, los tres, en continua pugna por el control del comportamiento, fraguándose en el resultado estructural (de vencedores y vencidos) de esa cruenta batalla la “cosa” psicológica (o lugar) donde se ubican y esconden las razones últimas e íntimas del comportamiento. En suma, el lado oscuro y oculto de las motivaciones que determinan la conducta humana.

Y termina afirmando Sigmund Freud que, este gobierno tripartito invisible y esquivo, ejerce tal presión sobre el plano consciente que termina fagocitando la auténtica libertad, el mismísimo libre albedrío.

Pero no se preocupen, queridos lector@s, porque Sigmund Freud, primero nos atormenta con un nada sencillo modelo psicológico, para, a continuación, proporcionarnos una pócima, un ungüento mágico, contra todos los males del alma que sufrimos en mudo silencio: el psicoanálisis.

Para Sigmund Freud la comprensión del sustrato onírico es el único y correcto camino para adentrarse en el inconsciente del ser humano. Y he ahí, en opinión de Sigmund Freud, donde poder vencer a los gigantescos mecanismos de defensa (mucho más que simples aspas de molino) y liberar el material reprimido, recuperando el libre albedrío y potencial de crecimiento. Sigmund Freud creó y denominó psicoanálisis al estudio de los sueños como medio para alcanzar el autoconocimiento y poder conquistar el verdadero libre albedrío. Terapia psicológica, el psicoanálisis, que sigue tan viva como por aquel entonces, a pesar de que, en términos de Karl Raimund Popper, resulta irrefutable (irrebatible) y, en consecuencia, de bajo valor científico. Para Karl Raimund Popper los hechos que no se pueden contrastar (replicar) con la experiencia no pertenecen al mundo de la ciencia. Y como decía nuestro entrañable Pedro Calderón de la Barca, en el soliloquio más famoso del drama español, al final del primer acto, cuando Segismundo piensa en la vida y en su suerte:

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son

Con todo, y al margen de que exista o no el inconsciente, con independencia de si se trata de mecanismos económicos de conducta, a través de la automatización masiva de hábitos (cientos, miles de hábitos y micro hábitos), como medio para simplificar nuestra vida y poder tomar decisiones cotidianas de modo ágil, o, por el contrario, del entramado propuesto por Sigmund Freud; el hecho cierto es que, esa capa oculta e invisible de nuestra personalidad, llámese como se llame, y actúe bajo las leyes que fueren, capta nuestra atención y curiosidad: nos atrae y seduce, como el imán a todo cuerpo ferroso, o como el horóscopo del dominical en una anodina tarde de domingo mientras holgazaneamos en el sofá tras el almuerzo.

Por ello, y quizá debido al sencillo e inocente instinto de introspección, rastreamos, a modo de viajes iniciáticos, entre las hojas de libros de autoayuda, el Santo Grial propio, la piedra angula que soporta la cimentación de nuestra personalidad.

Para clarificar nuestra posición: no sentenciamos pena contra de los libros de auto ayuda. No somos jueces de la verdad.

Tan sólo decimos que, además de los libros de autoayuda, para conocernos mejor y alcanzar el verdadero libre albedrío, del que hablaban Baruch SpinozaArthur Schopenhauer, hace falta algo más que una o varias lecturas  sobre este género literario …

¿Ustedes qué opinan?

Read Full Post »

Hij@s


Mantenía una conversación de WhatsApp con una excompañera de trabajo y amiga, cuando me confesó: “tengo que ponerme en facha con la lectura, que la tengo abandonada. Quiero que los niños lean y resulta que a mí me cuesta“, momento en el que comenzamos, ambos, a reflexionar sobre la función que tienen nuestros vástagos.

En la antigua Grecia l@s hij@s tenían la función de dar continuidad al patrimonio y papel social de la estirpe familiar en el seno de la Comunidad a la que pertenecían. No en vano, al décimo día del nacimiento se les imponía un nombre. Normalmente el niño recibía, en primer lugar, el nombre del abuelo paterno y, a continuación, se añadía el nombre del padre en caso genitivo.

A modo de ejemplo, léase la Odisea, donde, de manera reiterada, Homero hace referencia a los ascendientes de su personaje principal: Ulises hijo de Laertes.

Esta concepción griega de la funcionalidad de los descendientes todavía perdura hoy día en nuestra cultura. Para muestra un botón: ¿Cuántos niñas y niños se llaman igual que su madre o su padre? Cientos, miles, cientos de miles me atrevería a decir.

Pues bien, tras un debate intenso, mi amiga y yo llegamos a una conclusión muy diferente a la griega sobre la función de l@s hij@s.

Ambos, concluimos que “nuestros hij@s”  son un regalo que la vida nos entrega para permitir conocernos mejor y ser mejores personas.

Nuestros hij@s son un espejo sobre el que debemos miramos, verdadero polvo de estrellas para escudriñar nuestras más profundas e inconfesables debilidades.

Muy probablemente, aquellas conductas que nuestros descendientes exhiben y no aprobamos, son reflejo de nuestro propio comportamiento. Y, como no podía ser de otro manera, l@s hij@s, por su relación sin tapujos con sus padres, nosotros, y la inocencia que atesoran, cuanto más jóvenes mejor, son capaces de evidenciar, con asombrosa sencillez y honestidad, nuestras debilidades más íntimas y profundas. Son capaces de enseñarnos, sin hipocresía ni reproches, qué  “cosas”  somos y las consecuencias que tienen en nuestros entorno.

Finalmente, ambos concluimos que debemos observarlos más, y hablar con ellos con mayor frecuencia, no como adultos, si no como niñ@s.

Saludos

Read Full Post »


Hola, en esta ocasión deseamos compartir con vosotros, queridos lectores, algunas reflexiones e ideas que llevan barruntando en nuestra cabeza varios años, y, a medida  que el tiempo transcurre, van tomando cuerpo y gravedad.

Empecemos pues.

En la sabia mitología griega, Casandra, que en griego antiguo significa la que enreda a los hombres,​ era hija de Hécuba y Príamo, ambos reyes de Troya.

Casandra accedió al don de la profecía a cambio de un pacto con Apolo. Él  la dotó del talento y ella, en contraprestación, accedería a un encuentro carnal con el dios de la luz  y el sol. Encuentro que, desafortunadamente, nunca se produjo. Apolo, viéndose rechazado y traicionado, y con el honor (léase ego) mancillado, renegó y maldijo a Casandra escupiéndole en la boca que nadie creería jamás en sus pronósticos, por muy ciertos que éstos fuesen.

Tiempo después, ella y Laocoonte anunciaron, en repetidas ocasiones y de manera persistente e insistente, la inminente caída de Troya y la muerte del malvado Agamenón si dejaban entrar al caballo de madera dentro de la ciudad de Troya, por contener en sus entrañas el vil germen del engaño. Tal y como pronosticó Apolo, ningún ciudadano y menos aun su padre, Príamo, dieron crédito a sus vaticinios. Aburrido éste por el runrún cansino de su hija Casandra, reprobó y confinó a ésta en lo más alto de la más alta torre al olvido. Casandra, incomprendida y olvidada, enloqueció.

El caballo, como todos sabemos, entró en la ciudad fortificada y Troya desapareció.

Lo griegos, que lo sabían todo gracias a los bienaventurados esclavos, que eran, en realidad, los que hacían el trabajo doméstico y sucio, pudiendo entonces los ilustres ciudadanos de la polis dedicarse al arte de la contemplación y el pensamiento, ¿de qué nos intentaron prevenir con el  mito de Casandra, con cierto olor a misoginia?

Para responder a esta pregunta se necesitan ríos de tinta, por la cantidad de matices y aspectos diferentes que se esconden tras el mito.

Nosotros ponemos el acento en el hecho, cierto, del rechazo e incomprensión que produce, en ocasiones, la capacidad de prognosis o anticipación, especialmente cuando la intuición es especialmente disruptiva y pone en cuestión el estatus quo reinante: prever lo que va a ocurrir y que los hechos, posteriormente, sucedan suele poner nervioso a los que ostentan el poder y controlan el círculo o círculos sociales (la red).

En este punto, necesitamos océanos (y no ríos) de tinta para discernir si lo aconsejable es no compartir la capacidad de prognosis y esconderla bajo la alfombra, y desarrollar la capacidad del entrañable emperador romano Claudio (hacerse el tonto y tartamudo); o, por el contrario, promulgar a los cuatro vientos los cabalísticos sortilegios que uno percibe e intuye.

Lejos de ofrecer una respuesta categórica a tan ardua cuestión, ofrecemos, a continuación, un marco de análisis que nos permita ahondar en ambas alternativas, con sus pros y contras. Ahí va …

El autor de la obra El Cisne Negro, Nassim Nicholas Taleb, para explicar qué es un evento socio económico denominado “Cisne Negro” recurre a la metáfora de dos países imaginarios contrapuestos:

  • Mediocristán. 
  • Extremistán.

El primero es un país donde la distribución de su población es normal (ajustada a la campana de Gauss). Debido a la función gaussiana que subyace en la base social de Mediocristán, el sujeto típico (el mediocre) está ubicado en la media (obtiene la calificación de suficiente). Es un país, éste, gobernado por la tiranía de lo colectivo, donde un hecho particular y singular, idiosincrásico e irrepetible, apenas tiene impacto sobre el total.  El devenir social no está determinado por un solo individuo, si no por la suma de muchos de ellos. Se trata de entornos sociales predecibles a través de la acumulación del dato e información, y su observación empírica. En suma, en Mediocristán la mayoría conoce las reglas de juego, y su gestión o modificación depende de la suma de fuerzas de la mayoría. Es un país racional, azul, con pocos o nulos altibajos emocionales, cartesiano, ordenado, pautado y predecible.

En cambio, en Extremistán la aleatoriedad de los acontecimientos no es cambiante, es extremadamente salvaje. En este país el sujeto típico es un gigante o un enano, no hay perfil medio. La media no describe la normalidad: o estás arriba o estas abajo. Es un mundo radicalmente polarizado. Como consecuencia, Extremistán encarna la desigualdad socio económica, donde el ganador se lo lleva todo (además de tenerlo todo, quiere más). Aquí, el devenir social está determinado por un pequeño número de sucesos aleatorios, difíciles de pronosticar y totalmente extremos (Cisnes Negros). Es el mundo de la tiranía de lo accidental, por lo tanto difícil de predecir a partir de la acumulación del dato e información, y su observación empírica. En suma, en Extremistán el éxito depende más de intuición e inducción (capacidad de prognosis) a partir de la experiencia y la sensibilidad social, y que ésta de en el clavo (sea certera). Es un país emocional, rojo, con continuos altibajos anímicos, donde no hay donde atar acuerdos, desordenado, confuso, caótico, embarullado, revuelto, desmandado, desenfrenado, irregular, aleatorio e impredecible, donde existe verdadera pasión por los juegos de azar con premios salvajes e impúdicos, y los nigromantes y sus sortilegios. No en vano, en este país, la sabiduría popular diría de alguien que triunfa: ¡menuda suerte ha tenido!

¿Qué le pasó a Casandra, y qué le pasa a toda persona intuitiva que es capaz de ver (sentir e intuir) más allá de los datos e información, y, por lo tanto, tener capacidad de prognosis?: ser una ciudadana de Extremistán viviendo en Mediocristán. Cuando esto ocurre, a la persona se la tacha de loca, cuando no lunática, por considerar altamente improbable sus profecías.

Pero el hecho cierto es que el Caballo de Troya contenía en sus entrañas el vil germen del engaño y Troya desapareció al tiempo que Casandra.

¿Qué os sugiere todo ello?

Read Full Post »

Older Posts »