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Convencionalmente, en la periodificación de la historia universal, la tercera época de la histórica se denomina Edad Moderna, que comprende desde el siglo XV hasta 1789 para algunos historiadores, coincidiendo con la toma de la Bastilla, iniciando la tan manida Revolución Francesa, o hasta 1776 para otros, momento en el que se declaró la independencia de lo Estados Unidos (por aquel entonces, trece) del yugo de la Corona Británica, y, para mí, hasta 1808 (más exactamente, hasta el 2 de mayo de 1808), glorioso día en el que Madrid se levantó ante las fuerzas napoleónicas frente al Palacio Real en defensa del infante Francisco de Paula.

Con independencia del referente que tomemos para finalizar este periodo de la historia, el hecho cierto es que todos los autores coinciden en señalar como denominadores comunes a este periodo:

  1. Los grandes descubrimientos, donde portugueses, españoles y británicos, emulando a los primeros grandes navegantes: el pueblo fenicio (tildados como los grandes mercaderes de la antigüedad), cartografiaron no el mediterráneo (eso ya lo habían hecho los fenicios), sino el mismísimo mundo, con idéntico objetivo que el perseguido por la sociedad fenicia, acceder a las riquezas de otras tierras, por lejanas que fueran, para mantener viva la llama del comercio, una de las bases del mercantilismo europeo. Ello facilitó que se hallaran nuevos mundos: América primero, Australia después. Estos hitos, en absoluto, son baladí, antes al contrario. Sin miedo a ruborizarnos, podemos afirmar que ahí tiene lugar el primer pistoletazo de salida o nacimiento del tan vilipendiado fenómeno de la globalización. No en vano, los autores Ruggiero Romano y Alberto Tenenti (en su obra Los fundamentos del mundo moderno. Edad Media tardía, Renacimiento, Reforma; publicada en España en 1971), afirman que, con los grandes descubrimientos, se produce La primera unidad del mundo. Como ejemplo de sus tesis, los autores recurren a la imagen de la nueva Bolsa de Amberes, en 1531, donde una inscripción advertía: para uso de los hombres de negocios de cualquier nación y lengua. En este mismo sentido, primero Fernand Braudel e Immanuel Wallerstein después (en su obra, compuesta por tres volúmenes, The modern world-system), defienden que en la Edad Moderna tiene lugar la Primera Economía – Mundo como consecuencia del proceso gradual de expansión geográfica del eurocentrismo, dando lugar a la red mundial, o sistema de intercambio económico que existe en la actualidad (en suma, que de aquellos polvos vienen estos lodos). Con respecto a las opiniones de Immanuel Maurice Wallerstein, permítame el lector un apunte relevante: su concepción histórica del devenir del mundo no es una teoría, sino un sistema de análisis (versus dogma) de los cambios sociales a través de la historia económica. Dicho de otro modo: sobre cómo se genera la riqueza y se distribuye posteriormente a través de la historia.
  2. Desarrollo de los valores modernización, progreso, comunicación, razón, ciencia …,  todo ellos pilares sobre los que se asienta la edad posterior: nuestra edad, la Edad Contemporánea. Valores que son tomados de la Grecia y Roma Clásica, referentes culturales que todavía hoy nos alumbran con su inequívoca luz y regio conocimiento. Llegados a este punto, no puedo olvidarme (pues sería un crueldad imperdonable por mi parte) del Maestro Hegel y la estructura dialéctica que propone para explicar los porqués del devenir histórico: tesis, antítesis y síntesis. ¿Ya se ha dado cuenta? ¿Si? Pues claro que sí: en la Edad Antigua tiene lugar la Tesis, en el Medioevo se produce la Antítesis, y en la Edad Moderna se integran los postulados encontrados (de los dos periodos históricos anteriores) mediante la segregación de las fuentes de poder y su justificación (separación de la religión del poder político, ruptura del poder político en poder ejecutivo, legislativo y judicial, poder económico con vida propia, …), dando lugar a la Síntesis.
  3. El humanismo. Durante la Edad Media se consideraba la vida como un auténtico valle de lágrimas, océanos más bien, puesto que la tediosa vida terrenal tan sólo era un lugar de tránsito (rápido, a tenor de la esperanza de vida: a duras penas se llegaba a los 50 años) con destino a la gloria eterna. En la Edad Moderna se produce un giro copernicano, ubicando al hombre en el centro de la existencia (antropocentrismo) y acentuando el objetivo de vivir plenamente la felicidad terrenal.
  4. Incremento paulatino de la población mundial. Hasta la Edad Moderna el tamaño de la población se encontraba estanca, con altibajos periódicos, dependiendo de las catástrofes naturales, epidemias, malas cosechas, guerras, y otros males. Es precisamente con el inicio de la Edad Moderna cuando comienza una clara tendencia al aumento sistemático de la población, llegando a los 600 millones de personas en el año 1600.
  5. Secesión del poder político y filosofía de los preceptos religiosos. Al desprenderse el Poder Político de los fundamentos religiosos de su poder (de la mano del Derecho Natural), renegando de las Sagradas Escrituras como única fuente de autoridad, se inicia un proceso de osmosis al resto de las disciplinas científicas y filosóficas. La gnoseología (la ciencia del conocimiento) y la razón alcanzan supremacía clara sobre la espiritualidad. Todo ello desemboca en la búsqueda de un nuevo modelo de relación entre el hombre y Dios, con acento en el individualismo, conforme a los incipientes valores de la modernidad, y diametralmente opuesta a la idea comunitaria de la religión que tenía el catolicismo medieval. De este modo, se producen los grandes movimientos religiosos reformistas en Europa, fundamentalmente: Luteranismo y Calvinismo. Europa, de este modo, se convierte en un conglomerado, hervidero más bien, de personas con creencias religiosas diferentes, muchas veces contradictorias. Para Juan Calvino se convierte en necesidad nuclear la separación de la Iglesia del Estado, y la prosperidad (económica) como signo de salvación. Max Weber, en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905), defiende que la exaltación del trabajo y la prosperidad económica personal como signo del beneplácito divino que promulga el calvinismo contribuyó de manera esencial a la conformación del espíritu burgués capitalista.
  6. Adelantos tecnológicos. Como consecuencia de la creencia en la razón, la ciencia y el progreso, durante este periodo de la historia se produjeron los grandes avances tecnológicos que cambiaron la faz de la tierra y de nuestra existencia para siempre. Sólo a modo de ejemplo: en el año 1592 Zacharías Hanssen, fabricante de anteojos de origen holandés, y su hijo fueron los creadores del microscopio óptico compuesto. En 1752, Benjamín Franklin demostró que los rayos pueden ser atraídos por un pararrayos (mediante una llave atada a una cometa) y su descarga conducida a tierra, evitando así los daños materiales y humanos. En el año 1714, Daniel Gabriel Fahrenheit creó el termómetro de mercurio. En el año 1712, Thomas Newcomen desarrolló la máquina de vapor atmosférica para extraer agua de las minas. En 1748, el físico escoses William Cullen descubrió que algunas reacciones químicas de gases repelían el calor de un área en particular, creando una especie de bolsa de hielo. En 1531, Miguel Servet publicó su primera obra: De Trinitatis Erroribus, donde explicaba en un apartado, de manera marginal, la corriente de circulación sanguínea pulmonar que había observado minuciosamente como doctor. En 1543, Nicolás Copérnico, en su obra De revolutionibus orbium coelestium, da a conocer su modelo heliocéntrico del universo. Todo ello, entre un largo sin fin de otros adelantos e ingenios que aún hoy, cuando giramos nuestra mirada al pasado, no siguen asombrando.
  7. Organización social. Debido a la inestabilidad política intrínseca a la estructura feudal de la Edad Media, en lanza unos nobles contra otros, el pueblo, en búsqueda de la paz y el progreso, harto de tanto baño de sangre, apoyó las monarquías autoritarias y absolutistas como medio para acabar con las guerras feudales. En 1648, con los tratados de Paz de Westfalia, como colofón a la Guerra de los treinta años en Alemania y la Guerra de los ochenta años entre España y los Países Bajos, se dio lugar al primer congreso diplomático moderno donde se pergeñó un nuevo orden mundial, construido sobre el concepto soberanía nacional, base para la fundamentación de la existencia del estado nación como modo de organización política definida por un territorio geográfico delimitado (fronteras), la ciudadanía que lo integra (población constante) y un gobierno que lo regenta (autoridad que dirige, controla y administra las instituciones), con una misma lengua, tradiciones y construmbres; y, todo ello, al margen de los preceptos divinos. De este modo el clero y la nobleza, patriarcas del Medievo, fueron paulatinamente relegados, como actores principales, de la vida social y política.
  8. Prácticas mercantiles. Durante la Baja Edad Media las prácticas mercantiles habituales como las ferias, banca, préstamos y letras de cambio tenían un ámbito de actuación continental, pero con las rutas abiertas por la navegación marítima durante el siglo XV y XVI el ámbito de actuación mercantil pasó a ser intercontinental, lo que requirió de más inversión por parte de los estados para sufragar las costosas campañas marítimas, apareciendo de este modo las finanzas públicas y, con ello, la deuda pública. En la Corona de Castilla se articularon los Juros como instrumento de deuda pública. Y con la deuda pública llegaron las quiebras y los impagos, la primera de ellas en 1557, tras la muerte de Carlos V, que solucionó su hijo, Felipe II, dándole a la máquina de hacer Juros de manera masiva e intensiva. Por todo ello, se inició una corriente de regulación mercantil para poder legislar este, cada vez mayor, entramado financiero y comercial, apareciendo los conceptos obligación contractual o responsabilidad limitada, y superando los paradigmas mentales de lucro y usura de la Edad Media por precio y beneficio. En el año 1667 se emitió en Suecia el primer código de comercio que sirvió de modelo para otros códigos de comercio, tanto en Europa como en América. En nuestro país se desarrollan las Ordenanzas de Burgos, Sevilla y Bilbao. Y toman peso las asociaciones mercantiles de comerciantes. A modo de ejemplo, en la Corona de Castilla el Consulado del Mar de Burgos fue una importante asociación mercantil dedicada a la exportación de lana de Castilla e importación de telas de Flandes, la cual estaba protegida por la Corona, lo que le garantizó el monopolio de su actividad.
  9. Segregación de la burguesía del pueblo llano. El término burgués aparece en la Baja Edad Media en Europa para definir a los habitantes de un Burgo o barrios nuevos de las ciudades. En la antigua Roma el término burgo hacía referencia a pequeñas torres o puestos fortificados, y en la Edad Media a los castillos. Es en la Baja Edad Media donde se utilizó el término burgo para referirse a los barrios formados alrededor de un mercado al lado de una iglesia o fuera de las ciudades amuralladas. Por lo tanto, no cabe duda alguna sobre el origen urbanístico de la burguesía, clase social imbricada de manera indubitada, para lo bueno y lo malo, a la existencia y desarrollo de las ciudades. En origen, la burguesía y  la plebe pertenecían a la misma clase social: el pueblo llano. La plebe vivía fuera de la población, en el campo (campesinado), donde residía la mayor parte de la población. Y la burguesía habitaba, como hemos dicho, en el burgo. ¿Qué ocurre en la Edad Moderna para que la burguesía tenga un desarrollo y notoriedad, no sólo económica, sino también social, tan importante, segregándose del pueblo llano? Básicamente, el factor determinante es la importante producción documental que se produce en la Edad Moderna, propiciada por la imprenta, de una parte, y por la naturaleza burocrática del estado, de otro lado. La burocracia no deja de ser un sistema de gestión y control ejercido por el estado, por aquel entonces el monarca, a través de expertos y doctos amanuenses en el arte de la escritura y la redacción de documentos. Asimismo, el desarrollo del estado nación trajo consigo una multiplicidad de organismos colegiados e instituciones con capacidad para actuar en nombre del monarca: audiencias, cancillerías, consejos, cámaras, juntas, corregidores, intendentes, etcétera. Aparecen así los registros económicos, protocolos notariales, reales decretos, cédulas reales, registros de cancillería, sellos, bandos y otros sistemas de comunicación pública, tales como la gaceta, entre otro muchos. Aparecen también nuevas profesiones como el escribano, equivalente hoy en día a los notarios o registradores de la propiedad. Al igual que en la actualidad, para acceder a la escribanía era necesario superar un examen de acceso y disponer de una serie de requisitos: conocimientos de redacción, someterse a un periodo de aprendizaje de dos años, y atesorar limpieza de sangre (algo parecido a no tener antecedentes penales). Una vez conseguido el cargo, la propia naturaleza de sus funciones los mantendría en una posición de privilegio en la sociedad, mediando entre pueblo y la administración política. Veamos esto con más detalle, pues es importante. Durante la Edad Moderna la mayor parte de la población era analfabeta. Por lo tanto, los profesionales que administraban el complejo entramado administrativo del estado nación ostentaban una situación de privilegio motivada por el acceso a la información que le proporcionaba su profesión. De este modo, la burguesía se convierte en intermediario del poder político, haciendo de puente entre la mayoría iletrada del pueblo llano y la minoría poderosa que gobernaba el estado. Su importancia crucial radica en ser el eslabón entre los gobernantes y los gobernados. Por lo tanto, en un primer momento son los aliados de los regímenes absolutistas en Europa y, poco después, se convierten en traidores para hacerse con el poder político. Dicho así, podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que el primer M.B.O. (management by out) de la historia es la Revolución Francesa: la transferencia de la propiedad o del control de una empresa, en nuestro caso el estado nación, a un grupo de personas: directivos, mandos y empleados hoy en día, los burgueses en la Revolución Francesa. Transferencia realizada a cambio de un precio en la actualidad, o del pasó por la guillotina en la Revolución Francesa. Y, para acabar de darle una pizca de sentido irónico a todo ello, vayamos con un pasito más allá. ¿Qué profesionales son burguesas por definición? ¡Claro que sí!, arquitectos, aparejadores, abogados, libreros, escritores, economistas, administradores, todos ellos con sus respectivos gremios (organización de personas con la misma profesión donde se fijan y definen los estatutos, preceptos u ordenanzas que determinan cómo acceder y practicar la profesión), como medio para evitar la intrusión y proteger su conocimiento, su verdadera fuente de poder. Luego, queda ya muy lejano los viejos preceptos divinos de la Edad Media para ostentar el poder. ¡Con la Burguesía Dios ha muerto! Y, llegados a este punto, para ser honesto con los maestros que nos han enseñado a pensar, vuelvo a recordar a Gustavo Bueno y su materialismo gnoseológico. Aún lo recuerdo en aquella inmensa aula de la Universidad de Oviedo, llena de gente, diciendo que K. Marx se había equivocado con la creencia de que el dinero es lo que mueve el mundo, que no, que, según el profesor Bueno, lo que realmente mueve el mundo es el conocimiento. ¡Mira tú si no iba a tener razón!
  10. Concepción del ser humano y el fenómeno de la esclavitud. Posiblemente debido a la diversidad cultural que trajo consigo el descubrimiento de los nuevos mundos, autores de la talla de Thomas Hobbes, John Locke, Monstequieu o Rousseau, retomaron el concepto hombre de la filosofía griega, donde se tilda de animal social. No obstante, como suele ocurrir en la historia cuando se rasca en el detalle, hubo claros oscuros. Sólo a modo de ejemplo: el poeta y activista político Pierre-Sylvain Marechal (1750 -1803), amigo de François-Noël Babeuf, el cual es considerado el precursor del comunismo o primer comunista para algunos historiadores y líder de la conspiración de los iguales (de 1796), en la que el propio Marechal participó, presenta dos rasgos fundamentales en todas sus obras: el ateísmo acérrimo y el igualitarismo social. Ahora bien, el susodicho Perre-Sylvian Marechal, a pesar de haber escrito El manifiesto de los iguales, y defender una igualdad sin fisuras, publicó en 1801 un Proyecto de Ley conducente a prohibir que las mujeres aprendan a leer. Y no estaba solo. Joseph De Maistre o el anarquista Proudhon consideraban que la feminidad y el saber son términos excluyentes, por lo que una mujer instruida pierde sus atributos femeninos. Aunque pueda parecer mentira, Rousseau no tenía ideas muy diferentes a estas cuando afirma que entre los deberes de las mujeres están el honrar y amar a los hombres. En suma, que cuando se hablaba de igualdad, fraternidad y libertad en aquel entonces, se referían al género masculino. ¡La vida! Pero quizá lo peor de este periodo de la historia no sean estas contradicciones en cuanto al uso del género. El hecho que nos debe hacer reflexionar sobre el verdadero trasfondo de la Edad Moderna es que se trata de un periodo donde se industrializa la esclavitud. La esclavitud se convirtió en el sistema central de trabajo en las Colonias. Los esclavos, procedentes de África, se utilizaban para las labores más duras como la siembra y recolección, la construcción, minería, etcétera. Circunstancia que motivó un tráfico de esclavos muy significativo entre África y América del Norte, hasta el punto de transformarse en un lucrativo negocio en sí mismo, convirtiendo a la Royal Navy en el gendarme transoceánico, una vez derrotadas y aniquiladas las flotas contrincantes en Trafalgar, para mantener viva la ruta de los esclavos como medio de explotación de los territorios periféricos del Imperio Británico. Y dado que el bussines es el bussines resultaba necesario limpiar las conciencias, por lo que se miró a la ciencia con el objetivo de buscar argumentos que defendiesen y justificasen el racismo y la esclavitud. En opinión de Marvin Harris, toda la ciencia de la época intentó racionalizar y soportar, con base científica, los prejuicios sobre la diferenciación y jerarquización de las razas que sostenía la práctica de la esclavitud. Para muestra un botón: Voltaire, por ejemplo, sostenía que el grado de civilización menor de los negros era consecuencia directa de su reducida inteligencia. No muy lejos andaba Hume. Si Voltaire y Hume podían realizar ese tipo de afirmaciones, ¿Qué no iba a decir el resto de la comunidad científica?  Los antropólogos, dispuestos a ello, comenzaron con las mediciones cefálicas o craneometría, para estudiar los componentes innatos de la conducta. En 1825, John Gall fundó la frenología, según la cual midiendo las regiones del cráneo se puede identificar las capacidades intelectuales de la mente humana. De otro lado, Edward Long, en 1774, publicó su obra Long’s History of Jamaica, donde afirma que los negros norteamericanos son estúpidos y sin modales, llenos de vicios bestiales y acopio de todas las bajezas inherentes a la debilidad humana.  ¿Por qué esta inquina y desprecio máximo en la argumentación? Porque el dilema no era corroborar los resultados supuestamente científicos obtenidos de la antropología, puesto que todo el gremio de investigadores comulgaban, en mayor o menor medida, con la idea de que existe una desigualdad entre las razas y, por ello, la necesidad de su jerarquización. El verdadero dilema se centraba en si esa diferenciación de razas legitima o no la moral sobre la que asienta el sistema esclavista. Es importante diferenciar entre racismo y esclavismo. Por ello, había que meter mucha leña al fuego, para llevar el debate al mundo emocional (que nunca es racional ni científico), y conseguir la adhesión incondicional al sistema moral esclavista que podemos resumir en la siguiente afirmación: existe desigualdad entre razas, siendo la raza negra una raza inferior, hecho que legitima su explotación esclavista. Y esto, en absoluto es baladí, porque como quien dice, la discusión moral, disfrazada de ciencia, llega hasta nuestros días. El debate aún no se ha zanjado.

Veamos, ahora, la historia desde la perspectiva temporal de los hechos, dicho de otro modo, secuencialmente, de modo que podamos intuir y vislumbrar la lógica que propicia la maduración de las estructuras y movimientos sociales que van cristalizando durante este periodo de la historia:

  1. Siglo XVI. Finalizada la crisis de la Baja Edad Media, se produjo una revolución de los precios (término acuñado por Earl J. Hamilton en su obra de 1934: El tesoro americano y la revolución de los precios en España, 1501-1650), como consecuencia de los adelantos tecnológicos, la organización social, el crecimiento de la población (y su consecuente aumento de la demanda generalizada), y la expansión europea, producto de los grandes descubrimientos. En torno al año 1500 las rutas oceánicas de comercio que los españoles y portugueses habían abierto lideraron el sistema mercantil de Europa. Esas nuevas rutas de comercio trajeron un aumento de masa monetaria en forma de metales preciosos (ora y plata, muy especialmente plata) proveniente del nuevo mundo, factor que posibilitó que en un periodo de 150 años los precios se sextuplicaran. El incremento de precios fue más agudo en nuestro país, debido a su hegemonía comercial. Como consecuencia, aumentaron los precios de las materias primas y, posiblemente, los costes laborales; y la inflación de España, en relación con el resto de países de Europa, se disparó, provocando una importante pérdida de competitividad de nuestro país dentro del entorno económico europeo. Algunos autores consideran que esa pérdida de competitividad que sufrió España, unido al abultado endeudamiento que había contraído la Corona de Castilla, de la mano de Felipe II, el cual derivó en aplazamientos y suspensiones de pagos que originaron diferentes crisis financieras, llegando a declararse la bancarrota del Estado español en el año 1575, fueron la causa de la ruina de la producción lanera de Castilla, importante motor económico y de comercio de la Corona de Castilla, frente a otros productores europeos que lo hacían a menor precio. A la luz de los hechos, parece claro que no supimos gestionar adecuadamente la ingente generación de riqueza que obtuvimos con el descubrimiento del nuevo mundo. ¿Qué nos ocurrió? que aunque los ingresos provenientes del nuevo mundo eran inconmensurables, obscenos más bien, los gastos lo eran todavía más, mucho más, fruto de la faraónicas campañas militares en las que nos embarcó Felipe II. En vez de utilizar la generación de riqueza para crear una economía productiva que elevase la prosperidad del país, se prefirió destinar los cuartos a guerrear con los vecinos. Dicho esto, y por se ecuánimes con nuestro país, también hemos de reconocer que, en este siglo, la coalición católica liderada por Juan de Austria, hijo ilegítimo de Carlos I, le paró los pies al Imperio Otomano en su afán por llegar al corazón de Europa a través del Mediterráneo occidental, en la batalla de Lepanto.
  2. Siglo XVII. Es el siglo donde se acuñan los primeros billetes monetarios en Europa. Su aparición tiene lugar en Suecia, en 1661, a través del cambista Johan Palmstruch, el cual acuñó recibos a quienes depositaban oro u otro metal precioso en su propio Banco de Estocolmo. No obstante, es Holanda quien se convierte en el centro económico del mundo y desarrolla todo tipo de productos financieros como la deuda soberana o los contratos de futuro. Esta ebullición y desarrollo económico no evitó que se produjera una crisis generalizada y global (de afectación mundial) como consecuencia de:
    1. Un descenso importante de la población por causas naturales como epidemias, cambios climatológicos agudos (Pequeña Edad de Hielo: en el año 1650 se alcanzó un mínimo histórico de -2º centígrados), conflictos bélicos, hambruna, etcétera.
    2. Minoración de la llegada de metales preciosos de américa. Esta reducción de la entrada de riqueza fue mortal para la monarquía hispánica y germana, e impulsó la hegemonía de Inglaterra, Francia y Holanda en el comercio internacional. El imperio naviero Español y Portugués feneció, y la piratería (especialmente inglesa) brotó.
  3. Siglo XVIII. El historiador francés Paul Hazard etiquetó este siglo como Crisis de la conciencia europea, producto de la secularización social generalizada que se estaba produciendo en Europa. La ruptura con los preceptos religiosos y escolásticos, tras las guerras de religión, abrió un contexto intelectual nuevo que dio lugar a:
    1.  La revolución científica. Autores como Spinoza, Leibniz, Locke o Newton afirman que el conocimiento debe ser constantemente comprobado y ratificado. Aparece el racionalismo y el empirismo, abonando el camino hacia la ciencia moderna.
    2. La Ilustración, movimiento cultura e intelectual cuyo fin era disipar las tinieblas de la ignorancia de la humanidad mediante las luces del conocimiento y la razón (Jesús Pérez Uruñuela,1810). No en vano, el siglo XVIII es referido como el Siglo de las Luces, momento en el que se asentó la fe en el progreso.
    3. La era de la revoluciones:
      1. Revolución Industrial, con el desarrollo la fuerza productiva, la tecnología y el capital, sembrando el germen del capitalismo.
      2. Revolución burguesa. Frente a la nueva burguesía dominante que ostenta el poder político y económico, comienza a aparecer su antagonista: el proletario, cuyo caldo de cultivo iba a ser el campesinado que se desplaza a la ciudad. Una descripción singular de este fenómeno lo encontramos en la obra La aldea perdida de Armando Palacio Valdés, donde narra con diversidad de adjetivos la transformación de Laviana, municipio del interior de Asturias, como consecuencia de la irrupción de la minería.
      3. Revolución política e ideológica que culmina con la Revolución Francesa. Tras los conflictos entre aristócratas y los demócratas, en la década de 1780, comienzan a describirse Constituciones (como la Constitución de los Estados Unidos, ratificada en 1789), orientadas a limitar el poder de la aristocracia política, hasta ser sustituida por los primeros estados democráticos.
    4.  El camino hacia la mundialización sigue su curso a través de las primeras guerras mundiales fruto del proceso de emancipación de las diferentes colonias europeas, especialmente de Estados Unidos e Hispanoamérica. La secesión de África y Extremo Oriente han de esperar al siglo XIX.

 

Para ir terminando, reformulemos:

  1. Se suele afirmar que la Edad Media fue una época oscura, siniestra y de involución social, pero lo cierto es que en ella se produce un importante avance del concepto ser humano, como hemos visto en el post anterior. Y, de otro lado, la historiadora y medievalista Regine Pernoud (1909 – 1998) sostiene que la mujer tuvo un lugar de privilegio durante la Edad Media. Anteriormente a la Edad Media, en Roma, las mujeres no eran sujeto de derecho, eran un mero objeto del patriarca, por lo que no podían realizar funciones administrativas: ni en la asamblea de los ciudadanos, ni en la magistratura, ni en los tribunales. Y, posteriormente al Medievo, como consecuencia del derecho romano, al que recurrieron las monarquías absolutistas del siglo XVI, que era menos propicio a la mujer que el derecho consuetudinario, de origen germánico, la posición de privilegio que alcanzó la mujer en la Edad Media involucionó. Regine Pernoud, en la introducción de su obra La mujer en el tiempo de las catedrales (1980), afirma: es indiscutible que por entonces [refiriéndose a la Edad Media] las mujeres ejercen una influencia que no pudieron tener ni las damas partidarias de La Fronda en el siglo XVII ni las severas anarquistas del siglo XIX. Esta influencia decrece notoriamente en los dos siglos que siguen, aquellos para los que reservo el término de tiempos medievales. En efecto, los siglos XIV y XV representan una edad «media» en cuyo transcurso hay un cambio de mentalidad, referido sobre todo a la situación de la mujer. Y la rueda de la Fortuna no tarda en arrastrarla a un eclipse del que vuelve a emerger en nuestro siglo XX. Con todo, lo más curioso, es que, en el propio Medievo, una filósofa, poeta y humanista llamada Chistine de Pizan (1364 – 1430) escribe su obra más conocida: La ciudad de las damas. Obra clave en la Querella de las Mujeres, movimiento académico de la Europa medieval que defiende la capacidad intelectual y el derecho de las mujeres a disfrutar libremente del acceso a la universidad y la política. Defienden que esta capacidad de acceso al conocimiento y el poder político no es una cuestión de género, sino de carácter puramente social, siendo necesario establecer y regular la diferencia y las relaciones entre ambos sexos: iguales y diferentes al tiempo.
  2. Y, de otro lado, se considera que la Edad Moderna fue la edad de la ilustración, la racionalización, el avance y el progreso. Y lo que he leído es una instrumentalización de todo y con todos, incluida la ciencia, para vestir y justificar la moral de prácticas que son realmente involutivas con respecto a la Edad Media. No sólo en el trato hacia las mujeres, si no también el asunto de la raza y el esclavismo como motor económico. Por todo ello, me atrevo a calificar la Edad Moderna como la edad de la confusión, la mezcolanza mal intencionada y el desarrollo sutil de las técnicas de la traición que conlleva en su vientre el término progreso cuando los principios y los equilibrios de poder que lo lideran no están bien ponderados.

Usted, querid@ lector, si ha sido capaz de llegar hasta estas líneas, además de mucho mérito, imagino que tendrá en este momento sentimientos y conceptos encontrados. Primero, darle la Enhorabuena, porque haber llegado hasta aquí, con este lenguaje plúmbeo que me caracteriza, requiere de un sobre esfuerzo. Y, segundo, todas sus dudas, inquietudes, preguntas y reflexiones escríbalas renglón abajo para generar debate y, por ende, conocimiento compartido.

Gracias.


La Edad Media es un espacio temporal de 1.000 años de duración que se inicia tras la caída del Imperio Romano, allá por el siglo V, que continua hasta el siglo XV, y finaliza, para unos, en 1.492, coincidiendo con el descubrimiento de América, y, para otros, en 1.453, correspondiendo con la caída del Imperio Bizantino, la publicación de la Biblia de Gutenberg y la finalización de la Guerra de los 100 años.

Tradicionalmente, este periodo de la historia de la humanidad es considerado como un época sombría y lúgubre, triste y gris, tenebrosa y vil, en la que se produce una regresión socioeconómica, política y militar sin precedentes, con toques fundamentalistas e inquisitorios. En cambio, a pesar de ser un hecho cierto la Inquisición, prefiero apuntarme a la corriente de opinión que defiende al Medievo como la plataforma sobre la que se asentaron las bases de la Europa que ahora conocemos, evolucionando de una sociedad estamental, con base rural, hacia una incipiente vida urbana que daría, posteriormente, paso a la burguesía.

De otro lado, todo este largo periodo de 1.000 años no es un espacio temporal monolítico, pudiendo diferenciarse:

  • La Alta Edad Media, que va desde el siglo V hasta el siglo X.
  • La Baja Edad Media, que transcurre entre los siglos XI y XV. Del mismo modo, la Baja Edad Media distingue dos subperiodos:
    • Plena Edad Media, entre los siglos XI y XIII.
    • Crisis Secular de Siglo XV que dura nada más y nada menos que dos siglos (200 años).

 

¿Qué caracteriza a la Edad Media?

Veamos, el Imperio Romano se hace añicos en un sin fin de feudos, con sus consiguientes Regentes o Monarcas, cada uno con sus propios intereses socioeconómicos, políticos y militares.

De otro lado, no olvidemos que todos ellos están injertados en el Cristianismo: tronco teológico y filosófico común a los regentes y/o monarcas europeos; que, inicialmente, es utilizado para fundamentar su posición de poder y decisiones de gobierno (por mandato divino).

Y los árabes campando por la Península Ibérica a su libre albedrío.

Así mismo, como la esclavitud había desaparecido, pero la Mano de Obra seguía siendo necesaria, se instrumentalizan los Estamentos para que unos trabajen y otros gobiernen.

Nota: a diferencia de las Clases Sociales, la cuales se definen por los intereses económicos, los Estamentos son agrupaciones sociales cerradas a los que se accede:

  • Por nacimiento.
  • Por matrimonio.
  • Por méritos extraordinarios.
  • A través del ingreso en la carrera eclesiástica.

Los “Estamentos” se definen en función de la posesión de los privilegios que detentan, diferenciando la siguiente escala jerárquica:

  • Primer estamento: la Nobleza, que incluye a reyes, condes, duques y caballeros.
  • Segundo estamento: el Clero, el cual distinguía dos niveles:
    • Los Papas, cardenales, obispos y abades.
    • Los párrocos y monjes.
  • Tercer estamento: el pueblo llano, que estaba formado por campesinos, villanos, artesanos y burgueses.

La nobleza y el clero eran dueños de las tierras que el tercer estamento (los antiguos esclavos del Imperio Romano) labraba. Pero no sólo se encargaban de la labranza, también soportaban los impuestos indirectos, que se aplicaban independientemente de la capacidad socioeconómica del siervo y gravaban la producción, el comercio o el consumo. Por supuesto, el primer y segundo estamento estaban exentos de tal pago. Algunos impuestos, sólo a título anecdótico y sin ánimo de ser exhaustivo, son (recogido en https://historiasdelahistoria.com/2017/06/06/impuestos-medievales-ahora-nos-quejamos-irpf-iva,  escrito por Javier Sanz en junio de 2017):

  • Alfarda: pago por el aprovechamiento del agua (acequias, canalizaciones…).
  • Herbaje: pago por aprovechamiento de los pastos.
  • Montazgo: impuesto sobre los ganados y adeudado por el tránsito que hacen por cualquier territorio en favor del Rey.
  • Diezmo: gravamen correspondiente a la décima parte de las cosechas que recaudaba la Iglesia y servía para el mantenimiento del clero.
  • Alhondigaje: impuesto por el depósito de mercancías.
  • Abadía o luctuosa: derecho que tenían los curas a percibir a la muerte de sus feligreses cierto tributo de sus bienes que dejaba.
  • Alcabala: impuesto castellano que gravaba el comercio de mercancías. Su recaudación se hacía por arrendamiento o por encabezamiento: los municipios se comprometían a cobrar una cantidad, recaudada entre sus vecinos, y a cambio recibían contrapartidas políticas de los monarcas.
  • Cuatropea: impuesto sobre la venta de ganado.
  • Banalidades: pago en especie por el uso de «instalaciones» del señor, como el molino o el horno.
  • Tercias reales: eran un ingreso concedido por la Iglesia a la Corona consistente en dos novenos de los diezmos eclesiásticos recaudados .
  • Terrazgo: renta que se paga al señor de una tierra quien la trabaja.
  • Excusado: implantado por Felipe II gravaba a una casa/hacienda elegida por la Corona entre las de una determinada parroquia —normalmente, aquella que más tributaba a la Iglesia—. La obligación consistía en que los diezmos que a dicha hacienda le correspondería ceder a la Iglesia eran pagados al rey, con lo cual el hacendado quedaba excusado de hacerlo a la Iglesia.
  • Primicias: consistentes en la cuadragésima y sexagésima parte de los primeros frutos de la tierra y el ganado que debían entregarse a la Iglesia.
  • Portazgos: impuesto que se exigía en las puertas de las ciudades y villas principales del reino y que gravaba las mercaderías que los forasteros introducían en ellas para su venta.
  • Pontazgos: similar al anterior, pero se paga al cruzar puentes.
  • Sisas: impuesto indirecto implantado en Aragón y luego en Castilla. Consistía en descontar en el momento de la compra una cantidad en el peso de ciertos productos (pan, carne, vino, harina…); la diferencia entre el precio pagado y el de lo recibido era la “sisa”. Como gravaba bienes de primera necesidad era muy impopular.
  • Millones: impuesto extraordinario fijado por las Cortes de Castilla, que se reservaban el control de su administración a través de una Comisión de Millones y comprometían a la Corona a dedicar lo recaudado a un gasto determinado (el primero se concedió a Felipe II en 1590 para reponer las pérdidas de la Armada Invencible).
  • Sextaferia: prestación vecinal para la reparación de caminos, a la que se acude los viernes de ciertas épocas del año. Era un impuesto en forma de trabajo.
  • Fonsadera: para financiar los gastos de los reyes ocasionados por las guerras.
  • Cena: tributo que implica hospedar y alimentar al monarca, así como a todo su comitiva, durante los viajes por su reino. Cuando la Corte se asentó de forma estable en una ciudad pasó a ser pagado en dinero (cena de ausencia).
  • Chapín de la reina o servicio de casamiento: se recaudaba ocasionalmente entre el pueblo para sufragar los gastos de las bodas reales.
  • Almojarifazgo: impuesto aduanero que se pagaba por el traslado de mercaderías que ingresaban o salían del reino de España o que transitaban entre los diversos puertos (peninsulares o americanos), equivalente a los actuales aranceles.
  • Infurción: era un tributo que se pagaba al señor de un lugar por razón del solar de las casas.

 

Finalizada la Nota, regresemos y continuemos con las características de la Edad Media.

El ideal de la Edad Media era construir una Comunidad Cristiana Universal en la que hubiese un régimen político universal, rey de reyes, o Emperador Cristiano; y, un jefe espiritual o Papa.

Dentro de esa Comunidad Cristiana Universal se acuñó la metáfora espiritual de la vida como camino: peregrinaje a lugares Santos, de corte y naturaleza transversal a nobles y reyes, bajo un mismo estandarte teológico y valores humanos.  Y, todo ello, frente a una Comunidad de Infieles, la Musulmán, contra la que había que batallar para reconquistar la Tierra Santa.

Dentro de la iconografía de valores con base cristiana que exhibió el Medievo, destaco uno que, desde siempre, me ha llamado poderosamente la atención: la inocencia. Un brillante ejemplo es el Parzival de Wólfram Von Eschembach. En opinión de René Nelli, después de todo, el Parzival de W. V. Eschembach, no es más que una extensa y cuidada variante de Juan el Bobo. Defiende René Nelli que todas las culturas, incluida la Asiática, han abordado personajes inocentes de este tipo, donde el hombre simple, bendecido por el ungüento de los dioses, canal terrenal de la gracia divina, es capaz de vencer allí donde los más doctos y eruditos fracasan, a modo de David contra Goliat. ¿Por qué? Según el folklore universal la razón de fondo estriba en la pureza de su corazón, que no ha sido maleado por el devenir de la lujuria de la carne y el poder, y, al someterse únicamente a la Providencia Divina, escapa a la libertad vulgar y a las exigencias del éxito. La máxima expresión de la libertad, en sentido puro, que le ofrece la inocencia se convierte, en manos de Parzival, en un arma imbatible capaz de derrumbar murallas de poder y desmesura.

 

¿Qué conflictos subyacen y definen a la Edad Media?

Los problemas que hilvanan el tejido social de la Edad Media son:

  • Los problemas de relación entre los soberanos, regentes o monarcas feudales y su pueblo.
  • Los problemas de relación entre la iglesia y lo monarcas feudales.
  • Los problemas de relación entre los diversos estados entre sí y con la iglesia.

En definitiva, un embrollado y farragoso laberinto relacional entre todos y contra todos los estamentos medievales. Todos ellos en búsqueda de los Fundamentos (o Fuentes del Poder) que los facultan para gobernar (legislar: Poder Político) y controlar los medios de producción y el comercio (Poder Económico), como medio de subsistencia y generación de riqueza.

Vamos, pues, a intentar deshilvanar con cirugía y una pizca de humor el embrollo social del Medievo.

Durante la Alta Edad Media va cogiendo cuerpo y forma la fundamentación metafísico-teológica de la superioridad ontológica de la Iglesia, como institución universal, para detentar funciones más elevadas, entre ellas la función de gobierno y la gestión y administración de los medios de producción y el comercio.

De facto, el régimen político de la Alta Edad Media es la Hierocracia: gobierno de la casta sacerdotal. El poder mediático de la estructura eclesiástica se expande paulatinamente hasta lograr su máximo momento de esplendor en el Siglo XIII, ya en la Baja Edad Media, con Inocencio III durante el Concilio de Letrán (1.215), donde se explicita que los emperadores y reyes son regidos bajo el poder del Papa por razón de pecado. Así las cosas, el Papa se convierte en juez universal que ata y desata en la tierra por mandato divino, estando sujeta indefectiblemente al Papa toda la nobleza. Con ello, han alcanzado su oscuro objeto de deseo: el dominium mundi.

Imagino la cara de estupor de todo noble tras el Concilio de Letrán. Estupor o miedo, más bien. Tal es el susto que todos los monarcas hacen fuerza común para liberarse de la autoridad Papal y, para ello, apelan, nada más y nada menos, al origen divino (¡cómo no!) de su poder estamental. De este modo, la nobleza, al actuar como vicarios del Señor, se ubica en posición de igualdad con el poder Papal.

No contentos con la posición de igualdad con el poder Papal, las nobleza, de la mano del derecho romano a través de las Escuelas de Bolonia y de los Glosadores, inocula nuevas ideas sobre el origen y la organización de los estados orientadas a la secularización del poder político. El derecho romano se distingue de la religión (derecho canónico) y de la moral (teológica y filosófica), aunque ambas han influido en su generación, y está constituido por un conjunto de reglas que fijan los gobernantes y que el ciudadano está obligado a obedecer. De este modo, desaparece la fundamentación divina a la hora de facultar a la nobleza para ostentar el poder político y económico.

La excomunión de algunos nobles, como la de Federico II de Hohenstaufen en el Concilio de Lyon (1.245) de la mano del Papa Inocencio IV, no consigue abortar esta tendencia.

Así mismo, los partidarios de la Teocracia, como Luis IX de Francia y Bonifacio VIII, pierden peso político ante el avance imparable de los preceptos del derecho romano. No es de extrañar viendo el calado intelectual profundo y sesudo (¡esto es ironía!), que mantienen los partidarios de la Teocracia. Para muestra, un botón:

No deje que nadie lo convenza sobre que tiene Ud. superioridad o está libre de sujeción a la cabeza de la jerarquía eclesiástica, ya que solo un tonto podría pensar así…

Bonifacio VIII, Ausculta Fili

De este modo, y haciendo caso omiso a la dialéctica Papal, los nobles abren paso a la Autocracia (régimen político en el que el noble gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación religiosa ni de otro tipo, y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad), basándose en la justificación legal del derecho romano, de modo que la fundamentación de la fuente de poder de la nobleza se independiza definitivamente de los asuntos religiosos, eclesiásticos y Papales.

Con todo, el conflicto entre iglesia y nobleza por el control del poder político y económico no era la única preocupación de esa época. Al tiempo, coexistía otro conflicto entre sociedad civil y nobleza por las mismas razones.

Vamos a ello.

La Carta Magna (Magna Carta Libertatum o Gran Carta de las Libertades) que fue abolida por el rey Juan I en el Londres de 1.215, es un intento de construir un régimen político en el cual el poder del legislador se ve limitado por un órgano de gobierno (llámese consejo, senado, congreso, parlamento o asamblea), en ese momento histórico regentado por los normandos. Según algunos historiadores, el propio Parlamento británico fue consecuencia de la Carta Magna de 1215 y durante mucho tiempo tuvo la misión de limitar el poder de la Corona y vigilar sus acciones. El jurista Tom Denning, citado por Danziger y Gillingham, 2004, p. 278,  la describió como el documento constitucional más grande de todos los tiempos: la fundación de la libertad del individuo contra la autoridad arbitraria del déspota. 

Llegados a este punto, merece la pena hacer un alto en el camino ante el filósofo, político, médico y teólogo italiano Marsilio de Padua (c. 1275 – 1342-43), precursor de las teorías democráticas y naturistas del renacimiento, en su afán por separar la fuente del poder político del poder Papal.

Marsilio de Padua conoció en París a Guillermo de Ockham y Giovanni Jandun. Los tres hicieron frente común en su crítica a la supremacía pontificia en defensa de la autonomía del poder civil, entendido como un Estado organizado con fines y medios propios.

Marsilio de Padua, en su obra Defensor pacis (defensor de la paz), escrita en 1.324, fundamentó el concepto Paz como base indispensable del Estado y como condición esencial de la actividad humana. En opinión de Marsilio la necesidad del Estado desciende de la propia naturaleza humana en la búsqueda de una vida Suficiente. Fruto de esa búsqueda se deriva la necesidad de un ordenamiento de la comunidad que asegure la convivencia, la paz y el ejercicio de las propias funciones. En la base del ordenamiento se encuentra la voluntad común de los ciudadanos, superior a cualquier otra voluntad, incluso a la supuesta voluntad divina. Luego, Marsilio considera que la fuente de poder del gobernante emana del pueblo, considerado como Universitas Civium (conjunto del pueblo), y por tanto es el pueblo el que delega su poder en los gobernantes, ejercitado en nombre de la voluntad común y con capacidad para mandar sobre todas las partes de la comunidad (Pars Principans). Para Marsilio la manera en la cual se manifiesta y expresa la voluntad popular es la mayoría, entendida cuantitativamente, siendo el poder del pueblo superior al del gobernante, ostentando el pueblo, por ello, el poder de vigilancia que tiene sobre la actividad del gobernante, poder que puede llegar incluso a la destitución del mismo.

Como no podría ser de otro modo, surgió una cohorte de críticos a las ideas de Marsilio objetando que la mayor parte del pueblo es ignorante e incapaz y que, por tanto, solamente unos pocos, particularmente los doctos y expertos en la materia del buen gobierno, gente reputada y de prestigio son los que deberían conformar las leyes. A eso Marsilio responde que si bien los doctos y expertos pueden legislar mejor que los no letrados y vulgares, no se puede por ello concluir que los primeros sean más competentes que la universalidad del pueblo, en el cual, por supuesto, están incluidos también los susodichos doctos y expertos. Marsilio acepta que los expertos formulen las leyes, pero no renuncia a que sea el pueblo, en su derecho legítimo, el que finalmente apruebe o rechace las propuestas de ley.

Y todo esto tiene lugar en el ¡siglo XIV!

Pero sigamos con el relato evolutivo de lo que aconteció, para no perder la perspectiva temporal y la lógica de los hechos.

Como consecuencia de los absolutismos monárquicos, y en respuesta a los desmanes y abusos de poder que conllevaron, apareció el Iusnaturalismo (derecho natural) como fundamento y justificación de la ideología político humanista.

Las principales tesis del iusnaturalismo son:

  • Existen ciertos principios en relación con el bien o el mal de carácter universal: leyes naturales o derechos naturales, que actúan como marco supra-legal.
  • El contenido de dichos principios es cognoscible por el hombre mediante la razón.
  • El derecho descansa en la moral, entendida como los usos y costumbres sociales.

Bajo este paraguas conceptual se defiende el siguiente relato sobre los fundamentos o fuente de poder de los gobernantes: los individuos deciden abandonar libremente el estado natural cediendo sus derechos y libertades individuales en beneficio del Estado o Sociedad a través de un Pacto Social, para, posteriormente, transferir el poder a la persona gobernante o Príncipe mediante un Pacto Político que lo faculta como regente. En esta formulación de las fuentes del poder político ya no hay atisbo alguno de principio divino o similar, y se pone coto a los desmanes absolutistas al conferirles el pueblo un poder temporal delegado.

Defendieron estas posiciones personas de la talla de Tomás de Aquino,Thomas Hobbes, John Locke, Jean-Jacques Rousseau, Baruch Spinoza, entre otros muchos. Todos ellos ayudaron a construir los actuales derechos individuales y de los ciudadanos.

Con la secularización del poder político se inicia la Edad Moderna.

En resumen, durante la Edad Media, y debido al proceso de secularización del poder político, vuelve a producirse otra importante ampliación de la Consciencia Colectiva de la mano del derecho natural (con independencia de las creencias religiosas) que transciende al individuo y lo define como Ser Humano. Por lo tanto, con la finalización de la Edad Media finaliza también la confesión religiosa como la línea definitoria de la categoría Ser Humano.

Y, usted, querido lector, ¿qué opina de todo ello?

¡No se muerda la lengua, opine!

Posdata.- quizá pueda resultar un tanto extenso este envío, pero me era difícil resumir más 1.000 años de historia. De hecho, he intentado sintetizar al máximo el devenir del Medievo sin perder los matices relevantes para la comprensión de la lógica de los hechos.


A finales del siglo V después de Cristo, el Imperio Romano desapareció tras dominar el mundo durante 5 siglos.

Pero no desapareció de la noche a la mañana, así porque sí. Lo cierto es que, después del año 300 después de Cristo, el Imperio Romano fue sufriendo una degradación constante, hasta que, en el año 476 después de Cristo, el líder germano Hérulo Odoacro depuso al emperador Rómulo Augústulo.

¿Qué fue lo que ocurrió?

Las hordas expansivas y beligerantes de los Hunos, provenientes de Eurasia, iniciaron la invasión de Europa durante la segunda mitad del siglo IV después de Cristo. Fuentes de la época mencionaron que los hunos, bajo las órdenes del rey Balamber, conquistaron las tierras que se extendían entre los ríos Volga y Don.​ Posteriormente, avanzaron hacia la cuenca del Dniéper, donde vencieron a los ostrogodos y, a continuación, cruzaron el Dniéster derrotando a los visigodos. Estas conquistas territoriales, por parte de los Hunos, generaron el llamado Período de las Grandes Migraciones, durante el cual los pueblos godos, visigodos, ostrogodos y vándalos solicitaron asilo al Imperio Romano de Oriente para protegerse de las tribus nómadas invasoras provenientes del área esteparia oriental.

Bajo la opinión del historiador Edward Gibbon, la invasión de los Hunos es el factor determinante de las Grandes Migraciones que colapsan paulatinamente el Imperio Romano de Occidente hasta su desaparición.

Con todo, y sin ánimo de negar a Edward Gibbon, creo que merece la pena explorar con mayor detenimiento la historia para poder alcanzar un comprensión más profunda de las razones primarias que arrastraron a la desaparición de tan magno Imperio.

Para ello, analicemos lo ocurrido desde un punto de vista económico.

El modelo económico romano estaba basado en el crecimiento a través de la incorporación (adhesión más bien) de nuevos territorios. La ampliación paulatina de sus fronteras proveía al imperio de:

  1. Minerales (oro, plomo, hierro, cobre y plata según explica Plinio el Viejo). Nuestro país, España, fue una de las fuentes de minerales más importantes del Imperio. No en vano, una de las teorías de mayor peso sobre el origen etimológico de la palabra Hispania, es que ésta procede de I-span-ya, que se traduce como tierra donde se forjan metales, ya que py en fenicio (raíz de la palabra span) significa batir metales.
  2. Esclavos. ¡De nuevo los esclavos! que eran utilizados como mano de obra barata para las labores del campo y trabajos artesanales.

El ejército tenía una función nuclear en el sostenimiento del modelo económico del Imperio Romano: era el encargado de asegurar la creciente incorporación de riqueza al Imperio, ampliando de manera regular y constante sus fronteras.

Pero en el siglo II después de Cristo, las fronteras dejan de expandirse al ritmo que lo venían haciendo, Roma abandona las ansias de conquista, y la estrategia territorial comienza a transitar de un modelo ofensivo a sistemas defensivos.

Este cambio estratégico en la gestión de las fronteras conllevó un estrangulamiento gradual del flujo de riqueza (minerales y esclavos) hacia Roma. Así mismo, el mantenimiento de las fronteras drenó gran cantidad de recursos del Imperio (a modo de ejemplo, piénsese en el famoso y colosal Muro de Adriano en Britania, de 117 kilómetros de largo, levantado entre los años 122 y 132, para protegerse de las tribus Pictos).

En consecuencia, los diferentes gobiernos comenzaron a aumentar e incrementar los impuestos a la población y se aceleró la inflación, iniciándose una brecha creciente entre las clases ricas y pudientes, y las clases medias y pobres.

A finales del siglo III después de Cristo y con la finalidad de soportar la grave crisis económica, el emperador Diocleciano, convencido de que la descentralización ayudaría a ganar eficiencia económica (gestión regionalizada de los recursos versus gestión centralizada del Imperio), dividió a éste, el Imperio, en dos mitades:

  1. El Imperio Oriental en Bizancio (Constantinopla).
  2. El Imperio Occidental en Milán.

La división del Imperio en dos gobiernos autonómicos propició luchas intestinas entre los poderes políticos por los cada vez más exiguos recursos disponibles. Esta circunstancia se vio agravada por los casos de corrupción instaurados, de manera perenne, en los distintos gobiernos, que se extendieron al Senado. La inestabilidad política se asentó en el corazón del Imperio, hasta el punto de que, en el lapso de tiempo de 75 años entre los siglos II y III después de Cristo, hubiese más de 20 gobiernos diferentes.

Se acaban de cimentar las bases para la desaparición de tan magno Imperio.

Por ello, en el siglo IV después de Cristo, la presión de los Hunos y la grandes migraciones fueron la puntilla que asentó el golpe final que aniquiló al Imperio Romano.

El exceso de migración (de los godos, visigodos, ostrogodos y vándalos) solicitando asilo en un Imperio en decadencia acentuó la división social y brutalizó a los inmigrantes. El historiado de la época, Amiano Marcelino, describió como los oficiales romanos esclavizaron a los inmigrantes hasta hacerse insoportable. Lo que provocó que los godos se levantasen en armas, derrotasen al ejercito y matasen al Emperador Valente Este en el año 370 después de Cristo. Luego, se alcanzó una tregua que se volvió a romper en el año 410 después de Cristo, donde el rey godo Alarico saqueó Roma. Y, finalmente, en el año 476 después de Cristo el Imperio Romano desapareció para siempre a manos de Hérulo Odoacro.

En los últimos lustros de tan magno Imperio, las clases ricas y pudientes comenzaron a establecerse en el campo, lejos de la urbe y los poderes políticos, como estrategia para evadir y eludir los crecientes y asfixiantes impuestos que exigía Roma. Los terratenientes permitieron a sus esclavos convertirse en colonos. Se les entregó una porción de tierra y elementos de labranza a cambio de que el colono pagase tributos al dueño de la tierra. De este modo, las clases ricas y pudientes de Roma se convirtieron en autosuficientes, sin necesidad alguna de mantener relaciones con el Imperio, erigiéndose en soberanos y gobernantes de su región y colonos, dando lugar a los Feudos que regentaron el Medioevo.

El esclavo convertido en colono, deja de ser material animado o cosa (de acuerdo a los preceptos de Aristóteles) para convertirse en Ser Humano, produciéndose, en ese momento, una importante ampliación de la Consciencia Colectiva, siendo el cristianismo la espina dorsal que define lo que es un Ser Humano de lo que no lo es.

Con ésta, ya son tres entregas de revisión histórica sobre la concepción del Ser Humano.

¿Qué os sugiere? ¿Qué os parece?


En las civilizaciones anteriores a la Grecia Clásica el Ser Humano era considerado un instrumento o ente regido por la voluntad de los dioses o los reyes. Con el nacimiento de la filosofía griega se produce un giro copernicano en la concepción de las Personas que ha llegado hasta nuestros días.

Veámoslo pues.

Para los antiguos filósofos griegos el Ser Humano adquiere el valor de CIUDADANO. Para ellos, el Ciudadano es un individuo integrado en una Polis (Ciudad Estado), con independencia de la clase social, y poseedor de derechos civiles. En suma, el Ser Humano es un Ser Social, un Ciudadano, adscrito a una Polis.

Así mismo, las Polis Griegas se reconocían como iguales y mantenían una misma identidad como pueblo que se manifestaba a través de los Juegos Olímpicos, el mismo idioma (para los griegos hablar el mismo idioma era importante y símbolo de diferenciación del resto de la humanidad, llamando bárbaro a quien no hablaba griego), religión e historia. Por lo tanto, el Ciudadano de la Polis también era miembro de la Nación Griega.

Los griegos se dedicaban principalmente al comercio a través del mar, y mantenían un flujo continuo y constante de contactos mercantiles con otras culturas y pueblos del Mediterráneo que no eran considerados ciudadanos griegos, por lo tanto no ostentaban la categoría de Seres Humanos.

Para los antiguos griegos, el Ser Humano, el Ciudadano Griego, tenía las siguientes características:

  1. Concepción dualista de la naturaleza humana: material y espiritual.
  2.  Los principios universales que gobiernan el cosmos son: el Principio de Bien y el Principio del Mal.
  3. La inmortalidad del espíritu.
  4. La libertad humana: el libre albedrío.
  5. El concepto de justicia universal e inevitabilidad de la sanción.

En suma, para ellos el Ser Humano es una criatura en constante búsqueda de sí misma, con autonomía política y administrativa, libertad de elección y capacidad para dar respuesta racional a los avatares y sucesos del entorno. El más claro exponente lo encontramos en Sócrates, el cual consideraba la humanidad como una virtud y, a través de la mayéutica, promovía el conócete a ti mismo.

Llegados a este punto, debemos preguntarnos cuál fue el factor determinante del espectacular desarrollo económico y social de la Grecia Clásica.

Todos los autores, con independencia de ideologías y posicionamientos políticos, coinciden en identificar la esclavitud como ese factor determinante. Aproximadamente un tercio de la población griega eran esclavos, escoria necesaria para que la sociedad griega pudiese funcionar, a modo de mano de obra gratuita y perfectamente reemplazable.

¡Menuda Paradoja! La Cultura Griega, considerada el adalid del nacimiento del concepto Ser Humano es construida sobre material animado o cosas: los esclavos.

Para la antigua Grecia el esclavo es una mercancía o cosa (no humana) susceptible de mercantilizar con ella. El esclavo es un ente privado de libertad y sujeto a la voluntad del propietario que puede comprarlo, venderlo o alquilarlo, al igual que cualquier otro bien del ciudadano.

Decía Aristóteles (sí, ese gran filósofo que todos hemos estudiado) que los esclavos son una posesión animada sin ningún tipo de derecho legal. Es decir, jurídicamente los esclavos no eran considerados seres humanos, ni siquiera las relaciones de pareja entre los esclavos tenían la categoría de matrimonio. Lo habitual eran los castigos por parte de su dueño para que, como mulas de carga, hiciesen los trabajos encomendados. Llegaba hasta tal punto el sometimiento que a los esclavos fugitivos se les ponía en la frente una marca con hierro candente, como si de una res del lejano oeste se tratase.

Aunque, para ser justos, no todas las Polis actuaban del mismo modo con los esclavos. En algunas, los esclavos eran utilizados como remeros, campesinos, mineros o verdugos. En otras, como policías, arqueros, secretarios, nodrizas e institutrices. En este sentido, eran los atenienses los que manifestaban mayor humanismo.

En resumen, la Consciencia Colectiva, el Concepto de Ser Humano Social durante la Grecia Clásica se circunscribe única y exclusivamente a la nación griega, y todo aquello que está fuera o son esclavos, bárbaros o mercaderes, pero no Seres Humanos.


Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770 – 1831), natural de Stuttgart, es muy probablemente el filósofo que sentó las bases conceptuales que cimentaron la sociedad moderna y actual.

No en vano Michel Foucault  afirma que “A través de la lógica o de la epistemología, a través de Marx o de Nietzsche, toda nuestra época lucha por desprenderse de Hegel.” En la misma dirección apunta Maurice Merleau-Ponty cuando dice que “Todas las grandes líneas filosóficas del siglo pasado, las de Marx, Nietzsche, la fenomenología , el existencialismo alemán y el psicoanálisis, se iniciaron con Hegel … La tarea cultural más urgente es restablecer la conexión entre Hegel y las doctrinas desagradecidas que tratan de olvidar su origen hegeliano.

Pues no demoremos más el estudio de Hegel, y comencemos.

Hegel, con 19 años, participó en las discusiones sobre política, ética y los derechos de los hombres y mujeres que caracterizaron la Revolución Francesa. Para Hegel, la idea “libertad” es el concepto medular y vehicular que determina el proceso evolutivo de maduración social. De hecho, en su primera obra, Fenomenología, defiende la libertad, no como un concepto abstracto y absoluto por encima de la sociedad, sino como un instrumento práctico vinculado al contexto social e institucional. En opinión de Hegel, cuando la libertad se vuelve absolutista y se desvincula del contexto social se convierte, entonces, en la coartada perfecta para la demagogia y la opresión. Debemos recordar que Hegel vivió con pavor y desconcierto la degradación de la Revolución Francesa y la aparición del Terror Absoluto de la Guillotina por la defensa de la libertad.

De otro lado, Hegel estudio y convivió con economistas relevantes como James Steuart, Adam Ferguson y Adam Smith, hasta el punto de sentir verdadera admiración por la concepción moderna del libre mercado, la aparición de las primeras empresas y el desarrollo de la sociedad civil.

Todo ello, determinó que Hegel concibiese la HISTORIA como un proceso de realización social integradora que, a medida que avanza, evoluciona hacia la autoconciencia.

Dentro de esta concepción de la historia, para Hegel, el individuo particular, durante su trayecto evolutivo, tiene que recorrer todas las fases y etapas por la que ha pasado la especie, repitiendo la historia. Los avances de la historia los replica el individuo, durante su evolución, a través de la estructuración del lenguaje y el pensamiento, ejercicios o comportamientos físicos, modos en que se relaciona socialmente y hasta en el juego. En opinión de Hegel, observando el progreso educativo del individuo particular podemos detectar y vislumbrar la historia del mundo.

En  suma, la HISTORIA, en mayúsculas, es un proceso de reflexión intelectual y autodescubrimiento de la propia humanidad, que determina, posteriormente, el desarrollo evolutivo individual y particular de cada uno de nosotros. Para Hegel, todos los hechos históricos, por muy abruptos y descarnados que puedan parecer, constituyen diferentes estadios de experimentación y autodescubrimiento de la propia humanidad, que cristalizan, posteriormente, en las diferentes etapas de desarrollo de los individuos particulares.

Es más, Hegel defiende que sólo se avanza en el curso de la historia con “seriedad, dolor, paciencia y el trabajo de lo negativo“, soportando y manteniéndose sobre los hechos más nocivos y adversos. Una vez se interiorizan y superan socialmente (colectivamente) los hechos más disruptivos y negativos de nuestras historia, entonces se produce un avance histórico.

En opinión de Hegel, la línea evolutiva de la historia es la siguiente:

  1. El individuo toma conciencia de sí mismo, apareciendo la libertad individual de elección, el libre albedrio.
  2. El individuo se da cuenta de que su conciencia está escindida de otras conciencias y busca la cohesión social para integrar las diferentes conciencias que le rodean en una sola visión y concepción del entorno que les rodea, apareciendo así la estructura social.
  3. A medida la estructura social anterior se encuentra con otras nuevas y desconocidas estructura sociales se inicia un periodo de conflicto y reconocimiento mutuo hasta integrar ambas consciencias colectivas en una nueva y más amplia consciencia social.
  4. Y, así, sucesivamente.

En el mito “El amo y el esclavo“, Hegel dice que la creación del mundo que conocemos no es fruto del trabajo opresivo (de la Lucha de Clases que afirma el Marxismo o Existencialistas), si no es fruto del esfuerzo por el reconocimiento mutuo de las consciencias individuales en una sola consciencia social integradora.

Quizá porque falleció a los 61 años y no tuvo tiempo de profundizar en su visión de la historia, Hegel no explicó cuáles son las relaciones básicas entre las consciencias individuales y libres, y la conciencia social.

K. Marx en su famosa obra El Capital sentenció que las relaciones entre el individuo y la estructura social están determinadas por las “transacciones económicas“.

Más tarde, cuando cursaba primero de carrera, el inconmensurable profesor Gustavo Bueno nos explicó que el materialismo histórico de Marx resultaba insuficiente y defendió su teoría: el materialismo gnoseológico. Para el ilustre profesor, las relaciones entre el individuo y la estructura social están determinadas por la economía del conocimiento. Mientras estudiaba confieso que pensé que no llegaba suficiente oxígeno al cerebro del honorable profesor. Hoy día reconozco mi ignorancia y atrevimiento de aquel entonces. Y pienso que quizá no le faltaba razón. En cualquier caso, no me atrevo a afirmar taxativamente ni lo uno ni lo otro.

Por último, y para no hacer muy largo este capítulo, tan sólo enunciar muy brevemente el Pensamiento Dialéctico de Hegel.

Hegel se opuso diametralmente a la Lógica Clásica Aristotélica. En opinión de Hegel, la lógica clásica se basa en argumentos deductivos (silogismos) sobre entidades individuales, diferentes y separadas que se relacionan en un esquema deductivo, resultando estática y mecánica, obviando la biología cambiante (mutante) de la existencia.

La lógica de Hegel es orgánica, evolutiva, fluida, adaptable a la realidad social de cada momento, claramente anti-dogmática, abierta al construccionismo social, imbricada profundamente en su concepción de la HISTORIA de la humanidad. La lógica hegeliana es, en suma, un proceso de superación de contradicciones que conlleva el crecimiento social.

Al pensamiento dialéctico, Hegel le otorga estructura tríadica:

  1. Tesis: establishment reinante.
  2. Antítesis: denegación del establishment.
  3. Síntesis: superación que subsume los opuestos y los preserva (mantiene) en una nueva estructura social.

Importante: Hegel habló de las TRES fases, pero cuando se refería a cada una de ellas, en realidad, Hegel nunca utilizó los términos de Tesis, Antítesis y Síntesis.

Con todo lo analizado hasta el momento, damos por finalizado los principios o fundamentos generales que utilizaremos posteriormente para repasar la HISTORIA DE LA HUMANIDAD, saber en qué momento nos encontramos actualmente e hipotetizar sobre el futuro que nos espera a la vuelta de la esquina.

¿Les apetece este viaje?

WISH YOU WERE HERE


Esta mañana, mientras hacía running, escuchaba la melodía Wish you were here, de la legendaria banda británica de rock Pink Floyd.

Y, entonces, mi mente, como por arte de magia, comenzó a viajar por una senda distinta a la que seguía mi cuerpo físico.

Empecé recordando a Luke Skywalker y Han Solo, de la entrañable Star Wars. De ambos personajes, caracterizados por Mark Hamill y Harrison Ford, reconozco que, a la edad de trece años, el segundo, el contrabandista galáctico, fue el que cautivó mi alma, hasta el punto de representar el icono o patrón sobre el que comparar mi comportamiento.

Han Solo, con su lengua desvergonzada, mordaz y divertido ingenio, hilarante sarcasmo, libre e independiente de todo tipo de ataduras, vida policromática contraria a toda traza de monotonía, amigo de sus amigos, y predisposición natural a la imprudencia, era todo lo que yo quería ser de mayor.

¡La vida!

Lo cierto es que, lo que sucedió, fue algo diferente a lo anhelado. La estrategia elegida para colmar mi  afán y ansia de aventuras fue la de satisfacer todas las demandas de mi entorno como medio para conseguir y justificar los reclamos que tenía sobre mí mismo. Y terminé actuando como actuó Luke Skywalker: ayudando a toda persona a mi alrededor que lo necesitase con la secreta esperanza de ser correspondido sin tener que pedir. Y cuando la contabilidad de la relación no resultaba equitativa, entonces, nacía la decepción y sentimiento de explotación.

Para comprender qué hay detrás de Luke Skywalker leamos a F. Nietsche en su obra Así hablo Zarathustra:

Vosotros vais hacia el prójimo huyendo de vosotros mismos

y queréis hacer de esto una virtud;

pero yo leo bien a través de vuestro altruismo …

vosotros no sabéis soportaros a vosotros mismos y no os amáis lo bastante:

y he aquí que queréis seducir a vuestro prójimo

induciéndolo al amor y haceros querer de su amor.”

La pasión, carácter mesiánico, punto de soberbia y orgullo que exhibe Luke Skywalker, siempre preocupado por las perturbaciones de la fuerza, entregado en cuerpo y alma a reestablecer el equilibrio en la galaxia, en ocasiones, cuando los sucesos resultan contrarios a los deseos, estos caracteres de la personalidad le arrastran a explosiones emocionales no controladas,  de naturaleza disruptiva, trágica, consiguiendo el efecto contrario a lo pretendido: la discordia y sin razón.

¿Qué le faltó a nuestro entrañable Luke Skywalker? Humildad, humildad para bajar de su papel “caminante de cielos” a cuestiones más mundanas y terrenales, humildad para bajar de su fetichista ideario, imposible de suceder, al calor del aquí y ahora que le ofrecía su compañero Han Solo.

Y, mientras hacía running, mi mente regreso de golpe a mi cuerpo con una incómoda aseveración: “Han Solo, wish you were here


Queridos lector@s,

es propio del periodo estival decidir qué libros guarecer en nuestra maleta de vacaciones. Y he aquí que unos llevarán novelas, de todo tipo, históricas, de misterio, románticas, entre un largo etcétera de géneros; otros, recurrirán a los clásicos, desde Cicerón hasta Dostoyevski; y, los últimos, a libros de autoayuda.

Tras bucear en Internet sobre la venta de libros en España, hemos descubierto que en el año 2016 se editaron 61.477 títulos en castellano. En cambio, no hemos podido conocer cuántas ediciones versaron sobre el género autoayuda. Tan sólo hemos podido leer dos diferentes titulares de prensa haciendo referencia al crecimiento, imparable, en ventas, según Nielsen, de los libros de autoayuda, pero sin ofrecer ni concretar cifra alguna que nos permita visualizar el orden de magnitud que suponen las ventas de los libros de autoayuda.

Todo ello, nos hace sospechar que el peso y crecimiento de los libros de autoayuda es alto y en progresión. ¡Miren en el fondo de su maleta y cuéntelos! ¿Cuántos libros de autoayuda hay? No nos lo digan. La pregunta es: ¿por qué?

¡No se preocupen!, no vamos a realizar una disertación metafísico existencial del porqué de esta circunstancia. Tan sólo pretendemos introducir una pizca de mofa sobre este asunto.

Vamos allá.

Imagínense a don Miguel de Cervantes Saavedra, el Manco de Lepanto, huido de España y paseando por Roma, allá por el año 1570, observando como sus semejantes invertían horas y días leyendo sesudas noveles de libros de caballería, muy populares por aquel entonces.

Por qué no pensar que, un buen día, no sé si por hastío o socarronería, o simplemente por hermanamiento o buena voluntad, decide escribir El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, intentado prevenirnos de los males de una lectura prolongada e intensiva de poemas caballerescos.

Y ahora viene la cuestión, ¿no podría estar sucediendo algo similar con los libros de autoayuda? ¿Existe un uso racional de esta literatura, o un abuso? ¿Nos hace más bien que mal, o se trata de un placebo? Si las respuestas a estas cuestiones fueran desfavorables, entonces, en nuestra opinión, debemos ponernos manos a la obra e incentivar el surgimiento del nuevo don Quijote y su entrañable Sancho Panza, en lanza contra gurús y otros especímenes de la misma guisa.

Este es el objetivo del post: estimular la creatividad de los diestros con la pluma y doctores en el uso del verbo, para animarles a redactar el Quijote de nuestros días en respuesta a la proliferación de los libros de autoayuda y su derivada asociada: el coaching.

Empecemos pues.

Baruch Spinoza, filósofo neerlandés de origen sefardí, en su obra Ethics, publicada tras su muerte en 1677, escribió:

Los Hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza

continuando así con un debate profuso, iniciado ya en la antigua Grecia de la mano de autores como Sócrates, Platón y Aristóteles, sobre la libertad de elección y su relación con el conocimiento y la ignorancia, especialmente sobre uno mismo.

Arthur Schopenhauer, filósofo alemán del siglo XIX, abundando en la premisa de Spinoza, en su obra The Wisdom of Life escribió:

Todos creen a priori que son perfectamente libres, aun en sus acciones individuales, y piensan que a cada instante pueden comenzar otro capítulo de su vida… Pero a posteriori, por la experiencia, se dan cuenta —a su asombro— de que no son libres, sino sujetos a la necesidad; su conducta no cambia a pesar de todas las resoluciones y reflexiones que puedan llegar a tener. Desde el principio de sus vidas al final de ellas, deben soportar el mismo carácter…”

Dicho de otro modo: parece ser, según ambos autores, que somos “prisioneros encadenados” (término utilizado por el filósofo Hume) a un “nosotros” o “yo” profundo que no conocemos ni percibimos, del que no somos, en definitiva, conscientes.

Sospechamos e imaginamos, fabulamos mas bien, como Sigmund Freud, leyendo a todos estos autores, fue pergeñando paulatinamente su modelo estructural del ser humano, donde conceptualiza la división tripartita del psiquismo entre el “ello” (lugar donde habitan las pulsiones más primitivas que nos caracterizan, aquellas contra las que luchamos a diario en feroz combate, con mayor o menor tesón, y más o menos fortuna), el “yo” (nuestra parte racional, equilibrada, controlada y pública), y el “superyó” (habitáculo donde se haya la moralidad: las normas y pautas de comportamiento en torno a lo que está bien y lo que está mal), lugares, los tres, en continua pugna por el control del comportamiento, fraguándose en el resultado estructural (de vencedores y vencidos) de esa cruenta batalla la “cosa” psicológica (o lugar) donde se ubican y esconden las razones últimas e íntimas del comportamiento. En suma, el lado oscuro y oculto de las motivaciones que determinan la conducta humana.

Y termina afirmando Sigmund Freud que, este gobierno tripartito invisible y esquivo, ejerce tal presión sobre el plano consciente que termina fagocitando la auténtica libertad, el mismísimo libre albedrío.

Pero no se preocupen, queridos lector@s, porque Sigmund Freud, primero nos atormenta con un nada sencillo modelo psicológico, para, a continuación, proporcionarnos una pócima, un ungüento mágico, contra todos los males del alma que sufrimos en mudo silencio: el psicoanálisis.

Para Sigmund Freud la comprensión del sustrato onírico es el único y correcto camino para adentrarse en el inconsciente del ser humano. Y he ahí, en opinión de Sigmund Freud, donde poder vencer a los gigantescos mecanismos de defensa (mucho más que simples aspas de molino) y liberar el material reprimido, recuperando el libre albedrío y potencial de crecimiento. Sigmund Freud creó y denominó psicoanálisis al estudio de los sueños como medio para alcanzar el autoconocimiento y poder conquistar el verdadero libre albedrío. Terapia psicológica, el psicoanálisis, que sigue tan viva como por aquel entonces, a pesar de que, en términos de Karl Raimund Popper, resulta irrefutable (irrebatible) y, en consecuencia, de bajo valor científico. Para Karl Raimund Popper los hechos que no se pueden contrastar (replicar) con la experiencia no pertenecen al mundo de la ciencia. Y como decía nuestro entrañable Pedro Calderón de la Barca, en el soliloquio más famoso del drama español, al final del primer acto, cuando Segismundo piensa en la vida y en su suerte:

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son

Con todo, y al margen de que exista o no el inconsciente, con independencia de si se trata de mecanismos económicos de conducta, a través de la automatización masiva de hábitos (cientos, miles de hábitos y micro hábitos), como medio para simplificar nuestra vida y poder tomar decisiones cotidianas de modo ágil, o, por el contrario, del entramado propuesto por Sigmund Freud; el hecho cierto es que, esa capa oculta e invisible de nuestra personalidad, llámese como se llame, y actúe bajo las leyes que fueren, capta nuestra atención y curiosidad: nos atrae y seduce, como el imán a todo cuerpo ferroso, o como el horóscopo del dominical en una anodina tarde de domingo mientras holgazaneamos en el sofá tras el almuerzo.

Por ello, y quizá debido al sencillo e inocente instinto de introspección, rastreamos, a modo de viajes iniciáticos, entre las hojas de libros de autoayuda, el Santo Grial propio, la piedra angula que soporta la cimentación de nuestra personalidad.

Para clarificar nuestra posición: no sentenciamos pena contra de los libros de auto ayuda. No somos jueces de la verdad.

Tan sólo decimos que, además de los libros de autoayuda, para conocernos mejor y alcanzar el verdadero libre albedrío, del que hablaban Baruch SpinozaArthur Schopenhauer, hace falta algo más que una o varias lecturas  sobre este género literario …

¿Ustedes qué opinan?